En la película Gladiador, Máximo es general de las legiones romanas, y estando en el norte, el emperador Marco Aurelio es asesinado por su hijo, Cómodo, quien busca sacarse de encima a Máximo por lo que tiene que escaparse para que no lo asesinen. Después de algunas vicisitudes es tomado como esclavo y llevado al norte de África, casi muriendo, donde se recupera y empieza a ser un gladiador, a estar en la arena. Y cuando pasa el tiempo Cómodo decide honrar a su padre poniendo quinientos días consecutivos de juegos en el coliseo, a pesar de que su padre había cerrado el coliseo, él decide honrarlo así, para que la gente se ponga contenta. Próximo lleva a todos, entre ellos a Máximo. Les toca a ellos estar en la arena, en una batalla que era imposible de ganar, y él aplicando técnicas del ejercito logra vencer en la arena a los contrarios. Y frente a todo lo que hace Cómodo se sienta admirado, y decide bajar. Se acerca y le dice “Esclavo, dime quien eres”. Máximo no quiere decirle, le ordena que se lo diga porque es el emperador, y él se da vuelta, se saca el casco y le dice “Mi nombre es Máximo Meridio comandante de las legiones del norte, general de las legiones fénix, leal servidor del verdadero emperador Marco Aurelio, padre de un hijo asesinado, esposo de una mujer asesinada, y juro que en esta vida o en la otra encontraré venganza”. Y uno, frente a esa situación de un esclavo, mas allá que era un general en otro momento, que estaba en la arena, rodeado de soldados, el emperador se le pone la piel de gallina, porque es una contradicción muy grande en la película. Y todos los que están en el coliseo, cuando uno espera que lo maten los soldados, comienzan a gritar “Vive, vive”. El emperador se queda en el medio sin saber que hacer, y decide que siga con vida. Uno se pone contento, ya que en esa situación alguien tan pequeño, tan débil, logre vencer aunque sea por el clamor popular, a alguien tan grande. Que en el fondo es el deseo que uno tiene, a veces uno cuando ve la televisión, por ejemplo deporte, ve que muchos se pone del lado del mas débil. A veces uno quiere que el más débil triunfe, el más poderoso caiga. No solo en el deporte, sino muchas veces en otras cosas, a veces por un autoritarismo, por ser muy déspota. A veces porque no nos gusta la situación. Uno le gusta ver que lo débil de alguna manera triunfa. Sobre todo cuando se dan estos contrastes, tan importantes. Y este contraste tan fuerte, lo escuchamos también en el Evangelio. Casi es contradictorio el texto, porque comienza diciendo “En tiempos del emperador Augusto, en una aldea perdida, María y José” como puede ser, cita al emperador y luego a dos personas que nadie conocía, que iban a tener un hijo. Dos personas sencillas de un pueblo. Ahí ya tenemos una contradicción, algo muy distinto. Después ese hijo, ni siquiera puede nacer en una casa, se va a nacer a un establo, donde nacían los hijos de los más pobres, de los pastores. Para que cita al emperador, para luego hablar de algo tan sencillo, tan débil. Después uno puede pensar que mejora, porque los ángeles lo van a anunciar. Y muchas veces en la Biblia hemos visto que los profetas cuando anuncian hacen grandes signos, Moisés separa las aguas para que el pueblo crea. Con el bastón hace que fluya agua para que puedan tomar, Elías manda que mojen todo el holocausto preparado para el sacrificio, y luego cuando el sacrificio se realiza milagrosamente manda a matar a los profetas falsos. Y así hay muchos gestos grandiosos, que hacen que los demás crean. Sin embargo acá los ángeles vienen, cantan la gloria de Dios y le dicen, primero a los más sencillos que son los pastores. A ustedes, los más sencillos vayan y vean a un niño. El gesto para ellos tiene que ser un niño. Tienen que aprender a descubrir a Dios en eso. Y uno puede decir, que distinto que es lo que uno espera, lo que uno piensa. Podemos pensar, si nosotros fuésemos Dios, qué elegiríamos? Donde elegiríamos nacer? En que lugar? En que momento del día? En que familia? Que status social querríamos tener? de que manera querríamos ser? Sabemos lo que Dios eligió, desde chicos nos han enseñado lo que es un pesebre, que hubiéramos elegido nosotros? Que nos hubiera gustado ser? De que manera esperaríamos que Dios se haga presente en nuestras vidas? Hoy estamos celebrando que Dios nos dice que es un niño. Dios muestra su grandeza en un niño. Dios nos muestra todo su esplendor en un niño. Y nos dice que ahí tenemos que aprender a reconocerlo. Esto es lo que reconocieron los pastores. La pregunta es, nosotros hubiéramos reconocido a Dios en algo tan frágil? Tan pequeño? Nos hubiéramos dado cuenta? O justamente Dios busco a aquellos que podían distinguir en lo sencillo? Que podían descubrir en lo débil. Creo que a todos casi nos pasa desapercibido que Dios eligió un camino difícil de entender. Dios, como dice San Pablo, eligió lo débil. Se hizo débil. Para que se confundan los sabios, los poderosos, para que no lo entiendan. Cuando quiso hacerse uno de nosotros, se hizo verdaderamente uno como nosotros. Y en eso es donde los ángeles le dicen a los pastores “No teman más”. La traducción exacta es “Dejen de temer”. Que venga este niño para que ustedes dejen lugar , o dejen salir a ese miedo,. O le den lugar a otros sentimientos en el corazón. Le den lugar a Dios. Tal vez los pastores, los mas pequeños, desprotegidos, quizás quienes mas temían por todo lo que les podía pasar, entendieron eso. Aquellos que no tenían donde salvaguardarse, donde cuidarse, comprendieron que había un niño que los iba a salvar. Que había un niño que se iba a caber pan para ellos, Eucaristía. Que había un niño que iba a dar la vida por ellos. Pudieron entender en eso cotidiano y frágil, a un Dios que se hacia presente. Yo creo que si Dios eligió este camino por algo es. Y lo eligió para verdaderamente hacerse uno como nosotros. No como muchos esperan que de lo grande, de lo exitoso, desde lo distinto sino desde lo cotidiano, desde lo pequeño. Desde la austeridad, desde todos los días. Para que no quedaran afuera algunos. Tienen que entrar todos. Y para eso tiene que poner este gesto. Para que lo débil se haga fuerte, para que todos a dejen de temer. Para que todos puedan cantar y dar gloria a Dios. Eso es lo que tenemos que aprender a ver nosotros, a veces nos cuesta escuchar a Dios, a veces nos cuesta verlo, a veces no lo descubrimos, y creo que lo que tenemos que pedir a Dios es tener esa sensibilidad. La sensibilidad de los pastores de descubrirlo en lo sencillo. En lo sencillo de nuestras vidas, en las cosas que nos pasan, en lo que nos rodea, aprender a mirar con otros ojos, y descubrir este niño que vuelve a nacer. Que de una manera misteriosa se hace presente. Siempre decimos, empezamos el tiempo de navidad. En realidad la navidad no es un tiempo, es una persona que viene. Y eso fue lo difícil de descubrir. Y a nosotros nos cuesta también descubrir que Dios nos viene en muchas personas, en muchos gestos. Eso hace que Dios se oculte, como se oculto en Belén, y que muchas veces pase desapercibido. Podemos pedirle a Dios en este día, que nos ayude a abrir estos ojos del corazón, para descubrir a este Dios que viene, para descubrir a Jesús que desde lo pequeño y cotidiano, desde lo sencillo hoy vuelve a nacer. Hoy se vuelve a gestar, para que descubramos a este Dios que sigue dando la vida por nosotros, que se sigue haciendo presente para que nosotros tengamos vida.
(Nochebuena misa de la aurora, lecturas: Is 62,11-12; Sl 96; Lc 2,1-20)
martes, 15 de junio de 2010
Homilía: "Háganme un lugar" (Nochebuena, misa de la noche)
Hay una canción que ya tiene unos años, de Patricia Sosa, que se llama “Aprender a volar”, y en el comienzo dice “Duro es el camino, y se que no es fácil, no se si habrá tiempo para descansar, en esta aventura de amor y coraje, solo hay que cerrar los ojos, y echarse a volar. Y cuando el corazón galope fuerte, déjalo salir, no existe la razón que venza la pasión, las ganas de reír. Puede creer, puedes soñar, aquí esta tu libertad”.
Y pensaba en esta canción, que es lo que muchas veces sentimos nosotros en la vida. Que es duro el camino, que tiene muchas cosas lindas, y muchas hay que lucharlas. Hay que pelear, a veces se hace cuesta arriba. Y en todas las edades, desde los mas chicos hasta los mas grandes. A veces se nos hace pesado el día a día, a veces por mas que luchamos no conseguimos todo lo que queremos en la vida. Nuestros trabajos a veces no nos gustan, a veces nos exigen demasiado, nos sentimos tironeados por todos lados, por el trabajo, por la mujer, el marido, los hijos, los amigos. A veces pareciera que nadie termina por estar contento. A veces nos suceden cosas que no quisiéramos, a nosotros o a personas cercanas, y también se nos hace cuesta arriba, y sentimos que duro, que pesado. A veces uno no encuentra lo que quiere cuando elige, cuando busca, y nos quedamos pensando ¿algún día encontrare que es lo que me gusta, que es lo que me hace feliz? ¿Algún día dejara de galopar mi corazón, y lo tendré un poco mas tranquilo? O en nuestro país, a veces sentimos que todas son duras, que son difíciles, que no queremos escuchar mas palabras, “que se vayan todos, no hay nadie que sirva” a veces sentimos que todo es duro. Sin embargo creo y espero, que todos seguimos soñando, con que las cosas sean diferentes. Que todos seguimos deseando que de un día para otro cambien, que no nos digan tantas palabras, y que aparezcan los hechos.
Y ese es muchas veces nuestro deseo, y nuestra esperanza en el corazón. Por más que las cosas se vean difíciles, por más que parezca que todo fue barranca abajo, esperamos el momento en que las cosas tomen otro rumbo. Y hoy es esta palabra en el Evangelio la que nos quiere decir eso a nosotros. En medio de estos miedos, en medio de estas desilusiones, desesperanzas, el Ángel nos quiere decir hoy a nosotros “No teman, hoy les traigo una Buena Noticia”. En medio de tantas malas noticias, nos dice “Abran el corazón, porque les traigo una alegría, les traigo algo distinto”. Y eso fue lo que les dijo a los pastores, les dijo, “Crean en algo diferente, en algo distinto”. San Juan de la Cruz decía que Dios hablo durante mucho tiempo con muchas palabras a los hombres, a los profetas, y de pronto como que se quedo mudo, como que pareciera que no hablo mas. Este es el sentimiento que tenemos muchas veces, que Dios no nos habla más, nos dejo, nos soltó la mano, no lo encontramos, o no encontramos exactamente que es lo que encontramos. Pero dice que hablo de una vez y para siempre, y podríamos decir que hablo con una imagen, mas que palabras. De un niño. Les dice a los pastores “Crean en eso, vayan a verlo”. Ya no son grandes cambios, sino que los pastores tienen que descubrir en su corazón si creen en eso. Tal vez como dice esta canción de Patricia Sosa, “Puedes creer, puedes soñar”. Y esta en nosotros si queremos creer y soñar en ese Dios. En ese Dios que nos regalo a Jesús, en eso pequeño que se empezó a gestar. Hoy vamos a celebrar Nochebuena, mañana Navidad, y no dependen de nosotros. Lo hace Dios porque quiere, nos ama. Porque quiere estar con nosotros, lo que depende de nosotros es si queremos ir a verlo. El Evangelio termina diciendo, “Vayamos a Belén a ver lo que se nos ha anunciado”. ¿Podemos creer en eso, queremos creer en eso?. Navidad es una persona. Es alguien que viene, y se tiene que creer en esa persona. Pero a veces uno se tiene que animar a que es un tiempo, a soñar que en algo pequeño puede haber algo grande. Jesús nació en Belén, en algo muy pequeño, fueron los pastores que andaban por ahí y creyeron en esas palabras, fueron unos magos de Oriente, que de lejos creyeron, y los que estaban más cerca no lo percibieron. Como que paso de largo, seguramente lo esperaban, pero no terminaron de sentirlo. No terminaron de descubrir a ese Dios, y a nosotros nos puede pasar lo mismo. Podemos esperar a ese Dios, pero también puede pasarnos de largo, puede que no lo descubramos ni lo terminemos de sentir. Hoy se sugiere que este Niño nazca en todos nosotros, no solo como nació hace dos mil años, en un pesebre, sino en el humilde pesebre de nuestras vidas, de nuestros corazones, de nuestras familias, comunidades, trabajo, nuestro país. En el lugar que le dejemos. Cuando Dios estaba mudo, alguien creyó. Pudo creer, fue María. Pudo creer y le abrió el corazón. Y fíjense como se le complico que hasta tuvo que ir a un pesebre, a tener a su hijo. Pero fue buscando la manera de actuar. Eso es lo que Dios nos pide a nosotros, no nos exige nada, nos dice “Hagan un lugar en su corazón, en sus familias”. Después ya no depende de nosotros, es El quien hace cosas maravillosas. Ese Niño, es la Eucaristía que nosotros recibimos cada día. Es él que nos espera a todos. Es el que hace grandes cosas. Si lo dejamos actuar.
Muchas veces pensamos que es lo que podemos hacer, hoy Jesús nos dice “Dejen que Yo haga, abran el corazón, vívanlo con alegría”. Abrámosle el corazón hoy al Niño Jesús, hagámosle lugar a este pesebre en nuestro corazón, dejemos que nazca, que crezca, que de la vida por nosotros, que nos salve, que nos alegre.
(Nochebuena, misa de la noche lecturas: Is 9,1-6; Sl 95; Tit 2,11-14; Lc 2,1-17)
Y pensaba en esta canción, que es lo que muchas veces sentimos nosotros en la vida. Que es duro el camino, que tiene muchas cosas lindas, y muchas hay que lucharlas. Hay que pelear, a veces se hace cuesta arriba. Y en todas las edades, desde los mas chicos hasta los mas grandes. A veces se nos hace pesado el día a día, a veces por mas que luchamos no conseguimos todo lo que queremos en la vida. Nuestros trabajos a veces no nos gustan, a veces nos exigen demasiado, nos sentimos tironeados por todos lados, por el trabajo, por la mujer, el marido, los hijos, los amigos. A veces pareciera que nadie termina por estar contento. A veces nos suceden cosas que no quisiéramos, a nosotros o a personas cercanas, y también se nos hace cuesta arriba, y sentimos que duro, que pesado. A veces uno no encuentra lo que quiere cuando elige, cuando busca, y nos quedamos pensando ¿algún día encontrare que es lo que me gusta, que es lo que me hace feliz? ¿Algún día dejara de galopar mi corazón, y lo tendré un poco mas tranquilo? O en nuestro país, a veces sentimos que todas son duras, que son difíciles, que no queremos escuchar mas palabras, “que se vayan todos, no hay nadie que sirva” a veces sentimos que todo es duro. Sin embargo creo y espero, que todos seguimos soñando, con que las cosas sean diferentes. Que todos seguimos deseando que de un día para otro cambien, que no nos digan tantas palabras, y que aparezcan los hechos.
Y ese es muchas veces nuestro deseo, y nuestra esperanza en el corazón. Por más que las cosas se vean difíciles, por más que parezca que todo fue barranca abajo, esperamos el momento en que las cosas tomen otro rumbo. Y hoy es esta palabra en el Evangelio la que nos quiere decir eso a nosotros. En medio de estos miedos, en medio de estas desilusiones, desesperanzas, el Ángel nos quiere decir hoy a nosotros “No teman, hoy les traigo una Buena Noticia”. En medio de tantas malas noticias, nos dice “Abran el corazón, porque les traigo una alegría, les traigo algo distinto”. Y eso fue lo que les dijo a los pastores, les dijo, “Crean en algo diferente, en algo distinto”. San Juan de la Cruz decía que Dios hablo durante mucho tiempo con muchas palabras a los hombres, a los profetas, y de pronto como que se quedo mudo, como que pareciera que no hablo mas. Este es el sentimiento que tenemos muchas veces, que Dios no nos habla más, nos dejo, nos soltó la mano, no lo encontramos, o no encontramos exactamente que es lo que encontramos. Pero dice que hablo de una vez y para siempre, y podríamos decir que hablo con una imagen, mas que palabras. De un niño. Les dice a los pastores “Crean en eso, vayan a verlo”. Ya no son grandes cambios, sino que los pastores tienen que descubrir en su corazón si creen en eso. Tal vez como dice esta canción de Patricia Sosa, “Puedes creer, puedes soñar”. Y esta en nosotros si queremos creer y soñar en ese Dios. En ese Dios que nos regalo a Jesús, en eso pequeño que se empezó a gestar. Hoy vamos a celebrar Nochebuena, mañana Navidad, y no dependen de nosotros. Lo hace Dios porque quiere, nos ama. Porque quiere estar con nosotros, lo que depende de nosotros es si queremos ir a verlo. El Evangelio termina diciendo, “Vayamos a Belén a ver lo que se nos ha anunciado”. ¿Podemos creer en eso, queremos creer en eso?. Navidad es una persona. Es alguien que viene, y se tiene que creer en esa persona. Pero a veces uno se tiene que animar a que es un tiempo, a soñar que en algo pequeño puede haber algo grande. Jesús nació en Belén, en algo muy pequeño, fueron los pastores que andaban por ahí y creyeron en esas palabras, fueron unos magos de Oriente, que de lejos creyeron, y los que estaban más cerca no lo percibieron. Como que paso de largo, seguramente lo esperaban, pero no terminaron de sentirlo. No terminaron de descubrir a ese Dios, y a nosotros nos puede pasar lo mismo. Podemos esperar a ese Dios, pero también puede pasarnos de largo, puede que no lo descubramos ni lo terminemos de sentir. Hoy se sugiere que este Niño nazca en todos nosotros, no solo como nació hace dos mil años, en un pesebre, sino en el humilde pesebre de nuestras vidas, de nuestros corazones, de nuestras familias, comunidades, trabajo, nuestro país. En el lugar que le dejemos. Cuando Dios estaba mudo, alguien creyó. Pudo creer, fue María. Pudo creer y le abrió el corazón. Y fíjense como se le complico que hasta tuvo que ir a un pesebre, a tener a su hijo. Pero fue buscando la manera de actuar. Eso es lo que Dios nos pide a nosotros, no nos exige nada, nos dice “Hagan un lugar en su corazón, en sus familias”. Después ya no depende de nosotros, es El quien hace cosas maravillosas. Ese Niño, es la Eucaristía que nosotros recibimos cada día. Es él que nos espera a todos. Es el que hace grandes cosas. Si lo dejamos actuar.
Muchas veces pensamos que es lo que podemos hacer, hoy Jesús nos dice “Dejen que Yo haga, abran el corazón, vívanlo con alegría”. Abrámosle el corazón hoy al Niño Jesús, hagámosle lugar a este pesebre en nuestro corazón, dejemos que nazca, que crezca, que de la vida por nosotros, que nos salve, que nos alegre.
(Nochebuena, misa de la noche lecturas: Is 9,1-6; Sl 95; Tit 2,11-14; Lc 2,1-17)
Homilía: "abre los ojos del alma (cierre fin de año jóvenes)
Hace unos años comenzó una serie que supongo que muchos de ustedes la han visto que es la serie de Lost. Y en el último capítulo de la quinta temporada… no, no ese no lo voy a contar quédense tranquilos. En el primer capítulo cuando comienza la serie, por si alguno no la vio o no sabe de qué trata, bueno empieza mostrándonos un avión que cae en medio de una isla y después de a poquito con flashes cómo fue que sucedió eso, un accidente medio misterioso. Lo importante para nosotros es que esas personas, los que sobreviven al accidente se encuentran solos en medio de una isla. Sin entender bien qué sucede, desesperados por la situación que tienen y van a tener que aprender a convivir. Van a tener que aprender a ir luchando juntos. Y ahí se empezará a ver en cada uno de los personajes: Jack, Kate o el que fuera, como cada uno actúa frente a esa situación. Y quienes empiezan a luchar por armar una comunidad, por juntarlos, por ayudarse, como sobrevivir en medio de esas situaciones y todo el misterio que envuelve lo que sucede a su alrededor. Un misterio que es difícil de explicar y que para ellos no hay muchas palabras. Y que ni siquiera hoy después de muchas temporadas podemos explicar o terminar de decir. Pero que nos muestran una comunidad que se fue armando de acuerdo a algo que sucedió más allá de lo que ellos esperaban y pensaban. Y esto no solo sucede en esta película o en esta serie. Nosotros a lo largo de la vida también nos vamos reuniendo en comunidades en las cuales nos une un misterio. Por ejemplo nuestra familia. ¿Por qué nacimos en esta familia? Yo que sé, no sé por qué nací. ¿Por qué tuvimos hermanos y no tuvimos hermanas? Porque a mi papá le va de tal manera o por qué no. ¿Por qué nos pasan ciertas cosas? Hay muchas cosas que no podemos responder. Pero nacimos y tenemos que aprender a crecer y convivir en la familia que nos ha tocado con lo que son. Aprender a aceptarlos y aprender a ir creciendo juntos. En el colegio, ¿cuántos de nosotros elegimos el colegio? Yo no, seguro. Después me puede haber gustado más o no. Pero caímos ahí y tuvimos que ir aprendiendo a caminar juntos en ese colegio, y hasta en los mismo trabajos que a veces hasta uno elige. No tiene ni idea uno de lo que le puede pasar. Y después de un tiempo tal vez el que no pensaba que lo pudiera ir bien le va bien, y el que pensaba que iba a ser el mejor trabajo uno se frustra no quiere saber más nada. Y así con cada cosa de nuestra vida. Grupos humanos, amigos. Aquel que pensábamos que iba a ser amigo de toda la vida y después de un tiempo… aquel que pensé que nunca me iba a llevar bien y comencé a caminar juntos. En la mayoría de las cosas de la vida nos son un misterio porque tenemos que aprender a descubrir al otro o a los otros como tenemos que aprender a descubrirnos a nosotros. Y ese misterio que nos congrega en comunidad nos congrega también como comunidad cristiana. Hoy estamos acá muchos de muchos grupos reunidos porque hay un misterio que nos une. Hay algo que nos llamó a todos a estar acá. Y es que Jesús de una u otra manera tocó nuestro corazón. Y eso es lo que llamamos fe. Algo creemos, no sé en qué creemos pero algo creemos. Algunos creerán más, otros creeremos menos, pero hay un Jesús que tocó nuestro corazón y nos llamó y nos invitó a estar acá. Y es un misterio porque ¿quién puede explicar lo que sucede en el corazón a partir de la fe de cada uno de nosotros? Por poner un ejemplo, hace un tiempo hemos vivido las confirmaciones un poco accidentadas por la gripe A, bueno muchos de los que están acá se conformaron hace poquito, otros hace más, ¿quién explica lo que sucedió ese día? Lo que sé es que a todos ustedes se les notaba la sonrisa de acá hasta acá de alegría que vivían por lo que vivieron ese día, ¿pero quién lo explica? Y cuando uno dice “me confirmé” y es difícil de explicárselo a alguien que no tiene fe. ¿Cómo le explico a alguien que no tiene fe lo que viví yo en ese momento? O cuando nos vamos a un retiro tal vez, si hay alguno de Primera Rueda que hacen los retiros o cualquier retiro y uno siente que le cambió el corazón, que fue algo nuevo, ¿y cómo explicamos eso? Y queremos ir a explicarle al otro y nos cuesta, es difícil. O tal vez algo más común, Pascua Joven que casi todos han hecho, ¿cómo le explico al otro? Yo tengo un entusiasmo muy grande y lo quiero invitar pero ¿explicar lo que yo viví ahí? Es muy difícil. Es como que hay un misterio. O en la misión. Cuando vamos a misionar a los diversos grupos que hay. ¿Cómo explico lo que sucede ahí? Que duermo en el suelo, que como más o menos, que hace calor. ¿Cómo lo explico? Y sin embargo yo quiero volver. O cuando nos juntamos a rezar todos juntos con los grupos de oración que hay y que uno siente algo distinto en el corazón en ese rato que está acá. ¿Cómo les explico a los demás? O los que van a ayudar solidariamente a pintar una escuela, a ayudar un chiquito llevándolo del barrio a jugar un rato o a darle un plato de comida y ve esa sonrisa. Es difícil explicar lo que uno siente en el corazón. Porque es parte de un misterio que creo que nos supera. Que va tan a lo profundo de nuestro corazón y de nuestras raíces que toca en lo profundo de nuestra existencia. Y muchas veces en lo profundo de nuestra existencia es lo más difícil de transmitir al otro. Pongamos un ejemplo, a veces cuando un amigo o una amiga se pone de novio y uno tiene ganas de decirle, ¿con ese o con esa? ¿qué le viste? Y el otro, no sé, no sabe qué decirle. Pero el otro tocó en lo profundo de la existencia y eso es difícil de transmitir, porque tocó en el fondo de mi vida, no de la del otro. Y en la fe pasa lo mismo. La fe en primer lugar es personal. Y es un Dios que toca en lo profundo del corazón. Es un Dios que de diversas maneras tocó en lo profundo del corazón de cada uno de nosotros. Y por eso estamos acá. Y eso es la fe. ¿Cómo la explico? No sé. Es un vínculo. Es un Dios que nos invitó y nos trajo. Desde los diversos grupos que esté cada uno, de que vienen a misa, de que un amigo los invitó. No sé por qué están acá, pero es un Dios que nos invita a vivir algo distinto. Y nos invita a vivirlo con alegría. Y mucho de lo que hemos visto este año, y de lo poco, lamento, puedo pasar a veces, veo la alegría de lo que viven. No es necesario que lo cuenten. Uno ve la alegría que se transmiten. La alegría uno la quiere transmitir a los demás. Y por eso muchas veces buscamos que el otro viva lo mismo que nosotros porque eso nos hace felices, como hablábamos el domingo pasado. Porque eso llena nuestro corazón, nos hace alegres. Y queremos que otros quieran también compartir esa alegría. Ahora esa fe, esa alegría, nos invita también a proyectarnos. A un Dios que nos quiere traer algo nuevo. A un Dios que nos quiere traer una esperanza distinta. ¿y en qué se basa esa esperanza? Y esa esperanza se basa en lo que vivimos. Recién les dije, pasando por algunos grupos, muchas de las cosas que vivimos: un chico feliz, una cara de alguien que le cambió la vida, un día que me cambió a mí porque estaba triste. Cuántos hemos visto que mucho de lo que hacemos acá nos ayuda a caminar de otra manera. Cuántas veces hemos esperado reunirnos, participar de algo de esto porque nos trae una esperanza distinta. Porque a veces aún en lo duro de nuestra semana, en lo bajón que a veces es nuestra semana, nos dice algo distinto. Bueno la esperanza es eso. Es que yo espero algo. Es que yo espero a Jesús. Y espero que Jesús haga algo distinto en mi vida. Él es el que me invita, Él es el que me llama, y Él es el primero que quiere algo distinto en nuestras vidas. Y nos pide una cosa nada más: comprometernos. Animarnos a caminar según lo que Él nos invita. Obviamente que a todos nos cuesta, pero es lo que leíamos en esa lectura, Sofonías dice; no quiero más gente orgullosa, prepotente, soberbia. Quiero gente humilde, quiero gente sencilla. Quiero gente pobre, que descubra que necesita de los demás, que descubra que necesita de mí, y que por eso yo voy a estar. Eso es lo que busca Dios de nosotros. Que encontremos un lugar, y que descubramos que necesitamos ese lugar. Y que después, nos animemos nosotros a responderle a Jesús. Siempre debe haber un momento en la vida que tendremos que responderle a Jesús. Fíjense, Juan el Bautista, vaya si hubo hombre importante, anunció que venía Jesús y manda a sus discípulos, pregúntenle, ¿es Él el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? ¿Y Jesús le respondió? ¿le dijo si o no? Le dijo miren los signos. Los ciegos ven, los paralíticos caminan. Díganle lo que está pasando, y que según lo que está pasando, el responda en el corazón. En el fondo lo que les dijo es miren ustedes. Abran los ojos. Miren con los ojos del corazón. Miren con los ojos del alma. Bueno, también a nosotros muchas veces nos van a preguntar por nuestra fe, y nosotros tendremos que responderle a Jesús. Y para descubrirlo no es que vamos a ver algo grandioso, tenemos que aprender a ver con ojos distintos. Tenemos que aprender a ver con esos ojos de alma. Tenemos que aprender a ver con esos ojos de la fe, que nos invitan a mirar de una manera nueva. Esos ojos son los que nos hacen ver comunidad. Esos ojos son los que nos hacen ver en el otro lo que otros no ven. Esos ojos son los que nos ayudan a descubrir a Jesús. Esos ojos son los que nos devuelven la esperanza. Esos ojos son los que nos hacen felices, alegres, porque son los ojos de Jesús. Los ojos que nos ayudan a ver desde lo profundo. Pidámosle a Jesús, a Aquel que nos mira desde lo profundo del corazón que abra los ojos de nuestra alma para que lo descubramos de una manera nueva. Y para que ese descubrir a Jesús de una manera nueva nos ayude a caminar con esperanza.
(Lecturas: Sof 3,9-13; Sl 33; Lc 7,19-23)
(Lecturas: Sof 3,9-13; Sl 33; Lc 7,19-23)
Homilía: "quien soy yo para que vengas a visitarme" (Domingo IV de Adviento)
En la película Cars, una película para chicos y no tan chicos como yo, Rayo McQueen, uno de los autos está en el estrellato ganando todas las carreras. Al final del campeonato termina empatado con 2 otros autos y tiene que ir a definir la Copa Pistón a California con ellos. Y cuando va de camino hacia ese lugar, aparecen una serie de hechos fortuitos por los cual cae en un pueblo perdido que se llamaba algo así como “Radiator Springs”, y lo que era todo un viaje tranquilo se transforma en una odisea bastante larga. Y en ese pueblo en donde al principio, él, quiere solo irse rápidamente y desaparecer, comienza a crecer, madurar y a forjar de a poco unas amistades con los autos que habitaban en ese lugar. Y es ahí donde conoce a Sally, uno de “las” autos. En un momento cuando empieza a asentarse y a estar con su corazón más puesto en ese lugar y en los habitantes de ahí, Sally lo lleva a recorrer lo que eran los antiguos caminos. Hace que frene de pronto y le muestra todo lo que es el Gran Cañón del Colorado, la vista que hay desde ese lugar. Y Rayo McQueen se admira de lo que ve y dice ¿cómo no me di cuenta de esto? ¿Cómo la gente no ve esto? Y Sally le contesta que es porque ahora con esta nueva ruta los autos pasan en dos minutos por acá y rápidamente llegan a su lugar. Pero ¿cómo? Hay que hacerlos saber, la gente tiene que saber que puede tener esta vista, que puede contemplar esto. Y ella le dice, lo que pasa es que antes los autos no salían solamente para pasar rápido sino también para pasarla bien. Y Rayo que era el auto más rápido de la época o de ese momento, le contesta es bueno frenar de vez en cuando. Porque en ese frenar el descubrió un montón de cosas. No solo esa vista grandiosa y majestuosa de ese lugar y no que no se valía por sí mismo, sino que no era solamente él el centro del mundo sino que podía ayudar a los demás, encontrarse consigo mismo y que los demás lo ayudaran a él.
Pero para eso tuvo que frenar un poco, porque cuando uno anda como esos autos y nos pasan la vida a 300km por hora nos cuesta ver lo que pasa a nuestro alrededor. Y no es solamente aquellos que vemos que están en el estrellato y muchas veces no ven lo que sucede a su alrededor o no les importa mucho, sino que también nos pasa a nosotros muchas veces en la vida. Porque estamos a mil porque no nos damos cuenta de la gente que tenemos a nuestro alrededor, no lo percibimos, no podemos frenar, vemos que hay cosas que suceden, que pasan de las que no tenemos tiempo de ser parte, vemos que muchas veces las cosas pasan como si fueran por una ruta y nosotros no podemos percatarnos de todo lo que va sucediendo. Pero esto en algún momento de la vida termina como cansando, agotando el corazón, porque no nos permite encontrarnos con los demás, darnos un tiempo gratuito para poder crecer es esos vínculos y en esas relaciones. Ni hablemos si eso significa algo más, como un traslado o tener que acercarse a alguien que está un poco más lejos, y ya no cerca de nosotros. Yo pensaba en estos días, en esta semana que estuve un poquito más tranquilo, me propuse, intenté visitar a varios enfermos que me habían pedido que visite en las casas. Y como la gente cuando la visité en esta semana, en vez de decirme Padre hace como un mes, dos semanas, tres semanas que venga a casa, se alegraba, se ponía contenta de que ¡Uy Padre por fin vino! Y yo pensaba, fue una cosa muy pequeña, no es que hice nada de otro mundo, fui a la casa, los escuché un rato, estuve con ellos, alguno se confesó, y después ellos vivieron la alegría de ese encuentro. Y justamente pensaba, con que poco uno puede alegrar la vida del otro. Con solo detenernos un poquito cuando uno no está a 300km/h como me pasaba hace unas semanas. Imponía tiempo para encontrarse, para estar, para dedicarle un ratito al que lo necesitaba. Y también pensaba como no solo uno puede alegrar la vida de los otros, sino como los otros alegran nuestra vida también cuando el otro se detiene y se encuentra con nosotros. Es más, podríamos mirar y pensar bueno, ¿cuáles son las personas que con una visita, con caer en nuestra casa de improviso, aunque muchas veces no nos guste que caigan así de pronto, que nos desarreglen los horarios y que no estábamos preparados puede cambiar nuestro día, nos pueden alegrar? ¿Cuáles son esas personas que desearíamos que nos visiten, que estén con nosotros? Y al mismo ponernos a pensar cuáles son esas personas a las que nosotros les podemos alegrar la vida, a las que nosotros visitándolas, podamos cambiarles, darles ese ratito, ese momento de felicidad. Que a veces no podemos porque tenemos muchas cosas, que a veces no podemos porque está muy lejos, que a veces no podemos porque es una fiaca o por lo que fuese. Como ese encontrarse con el otro puede alegrar nuestra vida y la vida de los demás. ¿Y por qué esto? Porque esta es la dinámica del Adviento. La dinámica del Adviento es la de aquel que sale al encuentro del otro. Es prepararse para alguien que viene, alguien que viene a visitarnos. Alguien que quiere estar con nosotros, que es Jesús. Y por eso este texto, que podría ser un texto muy normal, muy sencillo, muy de lo común, nos muestra justamente el sentido y la profundidad de este tiempo. María va a visitar a su prima Isabel. Y aparece un texto bastante largo de lo que es la visita a su prima Isabel. Lo más común del mundo, que una parienta vaya a visitar a otro. Es más, tal vez habría cosas más importantes que nos gustaría saber que no están en la biblia, sin embargo se le da bastante lugar a esto. Es más, debe ser uno de los textos que más conocemos todos nosotros. Creo que debe ser justamente porque nos muestra esta dinámica del Adviento. Mará acaba de tener uno de los anuncios más grandes de toda la historia de la Salvación. Tal vez el más grande de su vida que es que va a dar a luz al Hijo de Dios, que va a dar a luz a Jesús. Y se podría haber quedado en el estrellato, o pensando en eso o haciéndose mil preguntas y en vez de quedarse en eso va a visitar a su prima porque también se entera que Dios acaba de pasar por la vida de ella. Sale de sí misma y va a visitar a la otra. Se encuentra con la otra. Justamente la otra, Isabel, aquella que también acaba de tener tal vez el anuncio más importante de su vida. Isabel no podía tener hijos, ya era mayor, se le dice que va a dar vida, puede percibir en la otra, en María, algo aún mucho más grande. Tal vez en vez de decirle “felicítame”, lo que sería lo más normal, le dice y se alegra porque María vino, ¿quién soy yo para que vos vengas a visitarme? Y justamente esa dinámica de visitarse, del descubrir el misterio de Dios en el otro, es lo que los hace grandes, y lo que nos alegra. Lo que les cambia la vida. Lo que muestra algo distinto. Es salir de uno para encontrarse con el otro. Es el ir y descubrir ene l otro que el otro tiene algo para mí. María fue a visitar a Isabel, porque Dios se había hecho presente en la vida de Isabel. Isabel descubre como Dios se hace presente en la vida de María. Tal vez es una pregunta para nosotros, ¿podemos descubrir al Dios que se hace presente en la vida del otro? ¿descubrimos el Dios que se hace presente en los que tenemos cerca, en lo cotidiano de todos los días, en nuestros familiares, amigos, trabajo, en la gente que pasa a nuestro alrededor? Porque esta es la dinámica del reino. ¿Cómo recibimos la fe todos nosotros? ¿Quién nos anunció a Dios? ¿Quién nos mostró a Dios? La mayoría nuestras familias, amigos, catequistas, sacerdotes, los demás nos mostraron a Dios a lo largo de nuestra vida. Ese misterio de Dios lo fuimos recibiendo por otros. Y también seguramente nosotros fuimos canales, parte de ese Dios que los demás descubrieron. Entramos en esa dinámica. Ayudamos a que otros se encuentren con Dios. Nos hicimos parte de ese misterio. Y es por eso que lo primero que tendríamos que descubrir es abrirnos al misterio de Dios, de ese Dios que se hace presente en los demás. Y que cuesta verlo. Porque María podría haber visto en Isabel algo común, un nacimiento. Isabel podría haber visto en María algo sencillo, está embarazada. Y no dice, uh que bueno estás embarazada. Dice feliz de ti por haber creído, descubre lo que hay en lo profundo de María logra pasar, traspasar aquello que era lo más normal de ver. Logra ver en lo sencillo algo muy profundo. Y este es el misterio del Adviento, descubrir lo sencillo de nuestras vidas, de la vida de los que nos rodean a ese Dios que se hace presente. Muchas veces queremos que Dios se haga presente de manera majestuosa, de formas brillantes, enormes, y Dios se hace presente en lo cotidiano y en lo sencillo. Es lo que vamos a vivir en la Navidad, Dios se hace presente en un pesebre, en un establo. Dios se hace presente en nuestras vidas. Eso es lo primero que tenemos que descubrir. Dios se hace presente en nosotros. Isabel le dice a María, feliz de ti por haber creído. Por haber creído que Dios podía pasar por tu vida. María le podría haber dicho lo mismo a Isabel, feliz de ti por haber creído, por haber esperado con paciencia. Isabel y María también nos pueden decir a nosotros si nos animamos a abrir el corazón al misterio de Dios, felices de ustedes por haber creído. Por haber creído que Dios se hace presente en sus vidas. Por haber creído que podían llevar a Dios a los demás. Esa es la misión del Adviento. En primer lugar todos creemos que el Adviento es el tiempo de la espera, algo se está gestando, algo está naciendo. Pero María no se quedó solamente esperando. María salió, como decimos naturalmente como misionera al encuentro de los demás, a llevar a ese Dios que tenía. Y tal vez nosotros estamos esperando un montón de cosas de Dios. Estamos esperando que venga, que cambie cosas, que nos ayude, que nos acompañe. Pero no solo tenemos que quedarnos esperando. Tenemos que ser portadores de ese Dios. Tenemos que llevar a ese Dios al otro. Animarnos a anunciar con lo que tenemos y somos. María no llevó nada raro, llevó su vida. Y en su vida los demás descubrieron a Dios. Nosotros tenemos que llevar nuestras vidas, pero para eso tenemos que salir de nosotros. Para eso tenemos que animarnos a romper barreras, tenemos que animarnos a frenar, tenemos que animarnos a encontrarnos. Y en ese encuentro yo voy a hacer, seguramente, mucho más de lo que esperamos. Este fue el encuentro de dos parientes. María e Isabel, dos mujeres embarazadas y fíjense todo lo que pasó. Nosotros podemos pensar que nuestros encuentros son de lo más corriente, de lo de todos los días, pero si nos animamos a poner a Dios en el medio, algo mucho más grande va a suceder. Si nos animamos a ser parte de ese misterio de Dios, Él lo devuelve mucho más siempre. Animémonos entonces a descubrir a este Jesús que en esta Navidad quiere venir en los demás a nosotros, abramos el corazón a ese encuentro, creamos en ese Dios que se hace presente en nuestra vida, animémonos también a llevarlo y a anunciarlo a los demás.
(Adviento, Domingo IV , lecturas: Miq 5,1-4ª: Sl 79; Hb 10,5-10; Lc 1,39-45)
Pero para eso tuvo que frenar un poco, porque cuando uno anda como esos autos y nos pasan la vida a 300km por hora nos cuesta ver lo que pasa a nuestro alrededor. Y no es solamente aquellos que vemos que están en el estrellato y muchas veces no ven lo que sucede a su alrededor o no les importa mucho, sino que también nos pasa a nosotros muchas veces en la vida. Porque estamos a mil porque no nos damos cuenta de la gente que tenemos a nuestro alrededor, no lo percibimos, no podemos frenar, vemos que hay cosas que suceden, que pasan de las que no tenemos tiempo de ser parte, vemos que muchas veces las cosas pasan como si fueran por una ruta y nosotros no podemos percatarnos de todo lo que va sucediendo. Pero esto en algún momento de la vida termina como cansando, agotando el corazón, porque no nos permite encontrarnos con los demás, darnos un tiempo gratuito para poder crecer es esos vínculos y en esas relaciones. Ni hablemos si eso significa algo más, como un traslado o tener que acercarse a alguien que está un poco más lejos, y ya no cerca de nosotros. Yo pensaba en estos días, en esta semana que estuve un poquito más tranquilo, me propuse, intenté visitar a varios enfermos que me habían pedido que visite en las casas. Y como la gente cuando la visité en esta semana, en vez de decirme Padre hace como un mes, dos semanas, tres semanas que venga a casa, se alegraba, se ponía contenta de que ¡Uy Padre por fin vino! Y yo pensaba, fue una cosa muy pequeña, no es que hice nada de otro mundo, fui a la casa, los escuché un rato, estuve con ellos, alguno se confesó, y después ellos vivieron la alegría de ese encuentro. Y justamente pensaba, con que poco uno puede alegrar la vida del otro. Con solo detenernos un poquito cuando uno no está a 300km/h como me pasaba hace unas semanas. Imponía tiempo para encontrarse, para estar, para dedicarle un ratito al que lo necesitaba. Y también pensaba como no solo uno puede alegrar la vida de los otros, sino como los otros alegran nuestra vida también cuando el otro se detiene y se encuentra con nosotros. Es más, podríamos mirar y pensar bueno, ¿cuáles son las personas que con una visita, con caer en nuestra casa de improviso, aunque muchas veces no nos guste que caigan así de pronto, que nos desarreglen los horarios y que no estábamos preparados puede cambiar nuestro día, nos pueden alegrar? ¿Cuáles son esas personas que desearíamos que nos visiten, que estén con nosotros? Y al mismo ponernos a pensar cuáles son esas personas a las que nosotros les podemos alegrar la vida, a las que nosotros visitándolas, podamos cambiarles, darles ese ratito, ese momento de felicidad. Que a veces no podemos porque tenemos muchas cosas, que a veces no podemos porque está muy lejos, que a veces no podemos porque es una fiaca o por lo que fuese. Como ese encontrarse con el otro puede alegrar nuestra vida y la vida de los demás. ¿Y por qué esto? Porque esta es la dinámica del Adviento. La dinámica del Adviento es la de aquel que sale al encuentro del otro. Es prepararse para alguien que viene, alguien que viene a visitarnos. Alguien que quiere estar con nosotros, que es Jesús. Y por eso este texto, que podría ser un texto muy normal, muy sencillo, muy de lo común, nos muestra justamente el sentido y la profundidad de este tiempo. María va a visitar a su prima Isabel. Y aparece un texto bastante largo de lo que es la visita a su prima Isabel. Lo más común del mundo, que una parienta vaya a visitar a otro. Es más, tal vez habría cosas más importantes que nos gustaría saber que no están en la biblia, sin embargo se le da bastante lugar a esto. Es más, debe ser uno de los textos que más conocemos todos nosotros. Creo que debe ser justamente porque nos muestra esta dinámica del Adviento. Mará acaba de tener uno de los anuncios más grandes de toda la historia de la Salvación. Tal vez el más grande de su vida que es que va a dar a luz al Hijo de Dios, que va a dar a luz a Jesús. Y se podría haber quedado en el estrellato, o pensando en eso o haciéndose mil preguntas y en vez de quedarse en eso va a visitar a su prima porque también se entera que Dios acaba de pasar por la vida de ella. Sale de sí misma y va a visitar a la otra. Se encuentra con la otra. Justamente la otra, Isabel, aquella que también acaba de tener tal vez el anuncio más importante de su vida. Isabel no podía tener hijos, ya era mayor, se le dice que va a dar vida, puede percibir en la otra, en María, algo aún mucho más grande. Tal vez en vez de decirle “felicítame”, lo que sería lo más normal, le dice y se alegra porque María vino, ¿quién soy yo para que vos vengas a visitarme? Y justamente esa dinámica de visitarse, del descubrir el misterio de Dios en el otro, es lo que los hace grandes, y lo que nos alegra. Lo que les cambia la vida. Lo que muestra algo distinto. Es salir de uno para encontrarse con el otro. Es el ir y descubrir ene l otro que el otro tiene algo para mí. María fue a visitar a Isabel, porque Dios se había hecho presente en la vida de Isabel. Isabel descubre como Dios se hace presente en la vida de María. Tal vez es una pregunta para nosotros, ¿podemos descubrir al Dios que se hace presente en la vida del otro? ¿descubrimos el Dios que se hace presente en los que tenemos cerca, en lo cotidiano de todos los días, en nuestros familiares, amigos, trabajo, en la gente que pasa a nuestro alrededor? Porque esta es la dinámica del reino. ¿Cómo recibimos la fe todos nosotros? ¿Quién nos anunció a Dios? ¿Quién nos mostró a Dios? La mayoría nuestras familias, amigos, catequistas, sacerdotes, los demás nos mostraron a Dios a lo largo de nuestra vida. Ese misterio de Dios lo fuimos recibiendo por otros. Y también seguramente nosotros fuimos canales, parte de ese Dios que los demás descubrieron. Entramos en esa dinámica. Ayudamos a que otros se encuentren con Dios. Nos hicimos parte de ese misterio. Y es por eso que lo primero que tendríamos que descubrir es abrirnos al misterio de Dios, de ese Dios que se hace presente en los demás. Y que cuesta verlo. Porque María podría haber visto en Isabel algo común, un nacimiento. Isabel podría haber visto en María algo sencillo, está embarazada. Y no dice, uh que bueno estás embarazada. Dice feliz de ti por haber creído, descubre lo que hay en lo profundo de María logra pasar, traspasar aquello que era lo más normal de ver. Logra ver en lo sencillo algo muy profundo. Y este es el misterio del Adviento, descubrir lo sencillo de nuestras vidas, de la vida de los que nos rodean a ese Dios que se hace presente. Muchas veces queremos que Dios se haga presente de manera majestuosa, de formas brillantes, enormes, y Dios se hace presente en lo cotidiano y en lo sencillo. Es lo que vamos a vivir en la Navidad, Dios se hace presente en un pesebre, en un establo. Dios se hace presente en nuestras vidas. Eso es lo primero que tenemos que descubrir. Dios se hace presente en nosotros. Isabel le dice a María, feliz de ti por haber creído. Por haber creído que Dios podía pasar por tu vida. María le podría haber dicho lo mismo a Isabel, feliz de ti por haber creído, por haber esperado con paciencia. Isabel y María también nos pueden decir a nosotros si nos animamos a abrir el corazón al misterio de Dios, felices de ustedes por haber creído. Por haber creído que Dios se hace presente en sus vidas. Por haber creído que podían llevar a Dios a los demás. Esa es la misión del Adviento. En primer lugar todos creemos que el Adviento es el tiempo de la espera, algo se está gestando, algo está naciendo. Pero María no se quedó solamente esperando. María salió, como decimos naturalmente como misionera al encuentro de los demás, a llevar a ese Dios que tenía. Y tal vez nosotros estamos esperando un montón de cosas de Dios. Estamos esperando que venga, que cambie cosas, que nos ayude, que nos acompañe. Pero no solo tenemos que quedarnos esperando. Tenemos que ser portadores de ese Dios. Tenemos que llevar a ese Dios al otro. Animarnos a anunciar con lo que tenemos y somos. María no llevó nada raro, llevó su vida. Y en su vida los demás descubrieron a Dios. Nosotros tenemos que llevar nuestras vidas, pero para eso tenemos que salir de nosotros. Para eso tenemos que animarnos a romper barreras, tenemos que animarnos a frenar, tenemos que animarnos a encontrarnos. Y en ese encuentro yo voy a hacer, seguramente, mucho más de lo que esperamos. Este fue el encuentro de dos parientes. María e Isabel, dos mujeres embarazadas y fíjense todo lo que pasó. Nosotros podemos pensar que nuestros encuentros son de lo más corriente, de lo de todos los días, pero si nos animamos a poner a Dios en el medio, algo mucho más grande va a suceder. Si nos animamos a ser parte de ese misterio de Dios, Él lo devuelve mucho más siempre. Animémonos entonces a descubrir a este Jesús que en esta Navidad quiere venir en los demás a nosotros, abramos el corazón a ese encuentro, creamos en ese Dios que se hace presente en nuestra vida, animémonos también a llevarlo y a anunciarlo a los demás.
(Adviento, Domingo IV , lecturas: Miq 5,1-4ª: Sl 79; Hb 10,5-10; Lc 1,39-45)
Homilía: "demos testimonio con alegría" (Domingo III de Adviento)
Hay una canción de Fito Páez que dice:
Y dale alegría, alegría a mi corazón,
es lo único que te pido al menos hoy.
Y dale alegría, alegría a mi corazón,
afuera se irán las penas y el dolor.
Y ya verás,
las sombras que allí estuvieron no estarán.
Y ya verás,
que no necesitaremos nada más.
(Y más adelante continua)
y ya verás, como se transforma el aire de lugar.
Esta canción, que sobre todo en los más grandes resuena en la voz de Mercedes Sosa, nos muestra la experiencia del autor, de cómo cuando hay quien vive y comparte la alegría, eso se transmite eso se contagia. Desde lo más simple, cuando alguien se empieza a reír, y uno no sabe de qué se está riendo el otro, y como uno también se empieza a reír porque es como contagioso, nos contagia lo que al otro le está pasando. Y si no nos causa gracia tal vez la risa del otro, le preguntamos ¿pero de qué te reís? Compartínoslo, decilo. Compartí eso que es motivo de risa para vos. Pero no solamente eso, si no, como a veces cuando no hemos tenido un buen día y vemos la cara de alguien alegre que viene, eso también me cambia a mí un poco el día. El poder compartir la felicidad y la alegría del otro me transforma y me cambia a mí. Y muchas veces no se necesita nada más. A veces pareciera que en la vida necesitamos grandes cosas como para que todo se transforme. Pero a veces el poder compartir con el otro y vivir esa alegría, poder reírse un rato, compartir la vida ya basta. No importa qué es lo que hay de por medio. Importa que uno pueda estar compartiendo con el otro y disfrutando de aquello que comparte. Y creo que esto es central para todos nosotros en todas las áreas de nuestra vida. Hace unos días hablaba yo con el obispo y con algunos de los sacerdotes, que me preguntaba el por qué creía yo que no había tantas vocaciones sacerdotales, religiosas, lo que fuera. Como ustedes saben hemos decaído todo este último tiempo en las vocaciones, es más, parecía que el año que viene no iba a entrar nadie. Bueno después de que le ofrecimos spa, menos años y varias cosas parece que alguno entra, pero más allá de eso yo decía, bueno, ¿qué es lo que pasa que no atrae tanto esto? Y uno podría buscar un montón de escusas, de cosas que pasan afuera, pero me parecía que lo central era pensar en nosotros. Y charlábamos algunos amigos sobre este tema y una cosa de las que nos planteábamos era ¿qué transmitimos nosotros? ¿Qué les transmitimos a los demás? ¿Qué es lo que le transmitimos a los jóvenes? En primer lugar nos preguntábamos si justamente dábamos testimonio de Jesús. Y si ese testimonio de Jesús justamente se transmitía con alegría. ¿La gente nos ve felices? No preguntábamos a nosotros los sacerdotes. Porque si no nos ven felices si no nos ven contentos con lo que hacemos, no creo que a nadie le atraiga eso. Es verdad que esto tiene mucha más profundidad y que Dios trabaja en el corazón de las personas, pero es verdad que Dios se basa en las mediaciones también de nosotros. Entonces, lo primero era descubrir cómo nosotros tenemos que transmitir a ese Jesús con una alegría diferente. Y decíamos si los otros ven que una persona está cansada, siempre agobiada, ocupada, a veces de mal humor, que trata mal, que muestra que la Iglesia en vez de querer abrirse al otro cada vez se cierra más, eso no transmite a nadie. En cambio sí de a poquito, más allá de que hagamos más o menos cosas podemos transmitir que vivimos una alegría en lo profundo del corazón creo que eso sí, puede llevar al otro a preguntarse si eso también no le atrae a él. Ese es el testimonio que podemos hacer nosotros que obviamente hasta ahí llega, y después dependerá de los demás. Pero creo que lo central es vivir en felicidad aquello que ha encontrado. Y transmitir esa alegría que uno vive. Podríamos tomar otra área. El área de los matrimonios que muchas veces ha entrado en crisis durante este último tiempo. A veces vemos que los chicos tardan más en casarse, que se van a vivir juntos, que otros no quieren casarse. Y la primera pregunta más allá de que no se quieren comprometer, que tal cosa, que tal otra es, bueno ¿qué transmite uno como matrimonio? ¿Uno transmite la alegría de lo que vive? ¿Uno demuestra la felicidad de aquello que está compartiendo con el otro? O en primer lugar este mundo que nos hace estar a mil, que casi no nos da el tiempo para el otro, nos hace estar siempre cansados, agobiados, no poder compartir con el otro, no mostrar esa alegría de lo que uno cree estar compartiendo con la otra persona. Bueno, así podríamos preguntarnos con casa cosa, ¿transmitimos la alegría de lo que estamos viviendo? Porque si no podríamos hablar un montón, pero eso no podría terminar de cerrarle a ninguno de nosotros. Y esto es también lo que nos pide Jesús que transmitamos en el Evangelio. Creo que muchos de los que estamos acá tienen la experiencia de haber transmitido con alegría algo de lo que vivieron. Y eso transmite más de lo que uno pueda decir, explicar. Desde los más chicos que van a Pascua Joven y vuelven re contentos, copados, es lo más, no sé. Y le dicen al otro, mira no tengo mucho para explicarte pero tenes que ir no te lo podes perder. Y ese entusiasmo transmite. De los que han ido a misionar en la fe y también van a otros y le dicen, ¡es buenísimo! ¿y qué es misionar? Y no sé, es dormir en el piso, comer mal, pero anda igual que te va a gustar. No es lo que haces. Es lo que uno transmite. Es lo que uno vivió. Y así podríamos pensar con cada una de las áreas de la fe. De qué manera transmitimos la catequesis, de qué manera transmitimos la esperanza de seguir a Jesús, como hablábamos hace poco. Jesús quiere personas felices que vivan la alegría de seguirlo y que eso lo transmitan con alegría. Y eso es lo que nos dicen las lecturas de hoy. Fíjense, en la primera lectura el profeta Sofonías le dice al pueblo, griten de alegría. Muéstrenles a los demás lo que están viviendo. No le dicen transmítanlo así nomás. Griten, que todos escuchen lo que ha pasado por ustedes, como Dios se ha hecho presente en la vida de ustedes. Como Dios tocó sus vidas, como Dios transformó sus vidas. Grítenselo a los demás. Y que los demás puedan ver y escuchar la alegría que ustedes tienen porque Dios pasó por sus vidas. Dios los perdonó. Ahora ustedes grítenlo de alegría. En la segunda lectura, Pablo le pide a la comunidad de Filípos, alégrense en el Señor, vuelvan a insistir, dice, alégrense, por si no les quedó claro. Que ustedes hayan encontrado a Jesús tiene que ser un motivo de alegría. Bueno vívanla y transmítanla. Que los demás puedan contagiarse por ese testimonio que ustedes dan de alegría. Porque lo demás viene después. Muchas veces uno cree que faltan cosas. Falta enseñar más, falta hacer tal cosa, falta. Lo primero que falta es dar testimonio de que a mí esto me llena el corazón. Lo demás vendrá después. Y será parte de un camino y de un proceso en la fe. Y sé que muchas veces todos nos preguntamos de qué manera podemos dar testimonio de Jesús, de qué manera podemos anunciar. Creo que la primera manera es vivir la alegría de lo que uno ha encontrado en Jesús. Para que el otro también se pregunte, ¿bueno yo quiero vivir esto? ¿A mí me llama la atención esto? ¿Por qué el otro puede ser feliz por esto y yo no puedo ser feliz de esta manera? Creo que algo de esto es lo que transmitía Juan el Bautista. Porque la gente se acercaba a Juan, encontraban algo distinto en Juan. Y aún en un Juan que los invitaba a cambiar en un montón de cosas ellos se acercaban. Escuchamos el domingo pasado como los invitaba a convertirse, a cambiar. Y el no solo seguramente seguiría predicando eso, sino que la gente se la acerca y ya se ve que transformado un poco por Juan le dice, bueno ¿qué tengo que hacer? Decime. Y cada uno de ellos le va preguntando. Fíjense. Primero la gente ¿qué tenemos que hacer nosotros? Bueno compartan. El pan, la comida, lo que todos tenemos, ropa. Se acercan los que recaudaban los impuestos, ¿qué tengo que hacer? Bueno sé justo. Cobra lo justo no de más. Se acercan los soldados. Bueno, conténtate con lo que tenés. Fíjense a cada uno le dice según lo que está viviendo. Según lo que le está pasando. Y no le dice convertirse es hacer un cambio como si fuésemos Pablo que nos caemos del caballo para atrás y se transforma nuestra vida totalmente. Lo que les dice es, fíjense las pequeñas cosas en las que ustedes pueden transformarse. Bueno yo, como no soy Juan el Bautista, soy Mariano, no les voy a decir qué tienen que hacer. Así que no me lo pregunten, bueno pregúntenmelo si quieren. Si no los invito a ustedes a fijarse qué es lo que Jesús los invita a hacer. Creo que todos tenemos camino en la fe acá recorrido. Y todos muchas veces hemos dejado que esta pregunta resuene en nuestro corazón. Bueno, ya vamos caminando en el adviento. Ya la corona nos muestra que queda prender una vela, quedan 10 días hasta la Navidad. Queda poquito tiempo. Y Jesús quiere que la vivamos con alegría. Jesús quiere que el nacimiento sea motivo de alegría. Cuando alguien se embaraza, está embarazado transmite esa alegría. Y los demás viven y comparten esa alegría. Bueno nosotros tenemos acá un nacimiento que es alegría para todos, que es la alegría de que Jesús viene. Y tenemos tiempo todavía para preparar nuestro corazón para esta venida. Bueno, miremos, dejemos resonar esta alegría en el corazón y miremos en nuestra vida cotidiana, en la de todos los días, en lo que hoy nos toca, qué es lo que Jesús puede transformar. Y no solo dejemos que El transforme nuestros corazones para vivir esto de otra manera sino que vivámoslo con alegría. Y que esa alegría pueda ser testimonio para los demás. Pidámosle a Jesús, a Aquel que vivió la alegría de lo que el Padre le enviaba a María, la que se alegró porque Dios había obrado en ella, que también nosotros podamos vivir la alegría de los que Dios hace en nosotros.
Y dale alegría, alegría a mi corazón,
es lo único que te pido al menos hoy.
Y dale alegría, alegría a mi corazón,
afuera se irán las penas y el dolor.
Y ya verás,
las sombras que allí estuvieron no estarán.
Y ya verás,
que no necesitaremos nada más.
(Y más adelante continua)
y ya verás, como se transforma el aire de lugar.
Esta canción, que sobre todo en los más grandes resuena en la voz de Mercedes Sosa, nos muestra la experiencia del autor, de cómo cuando hay quien vive y comparte la alegría, eso se transmite eso se contagia. Desde lo más simple, cuando alguien se empieza a reír, y uno no sabe de qué se está riendo el otro, y como uno también se empieza a reír porque es como contagioso, nos contagia lo que al otro le está pasando. Y si no nos causa gracia tal vez la risa del otro, le preguntamos ¿pero de qué te reís? Compartínoslo, decilo. Compartí eso que es motivo de risa para vos. Pero no solamente eso, si no, como a veces cuando no hemos tenido un buen día y vemos la cara de alguien alegre que viene, eso también me cambia a mí un poco el día. El poder compartir la felicidad y la alegría del otro me transforma y me cambia a mí. Y muchas veces no se necesita nada más. A veces pareciera que en la vida necesitamos grandes cosas como para que todo se transforme. Pero a veces el poder compartir con el otro y vivir esa alegría, poder reírse un rato, compartir la vida ya basta. No importa qué es lo que hay de por medio. Importa que uno pueda estar compartiendo con el otro y disfrutando de aquello que comparte. Y creo que esto es central para todos nosotros en todas las áreas de nuestra vida. Hace unos días hablaba yo con el obispo y con algunos de los sacerdotes, que me preguntaba el por qué creía yo que no había tantas vocaciones sacerdotales, religiosas, lo que fuera. Como ustedes saben hemos decaído todo este último tiempo en las vocaciones, es más, parecía que el año que viene no iba a entrar nadie. Bueno después de que le ofrecimos spa, menos años y varias cosas parece que alguno entra, pero más allá de eso yo decía, bueno, ¿qué es lo que pasa que no atrae tanto esto? Y uno podría buscar un montón de escusas, de cosas que pasan afuera, pero me parecía que lo central era pensar en nosotros. Y charlábamos algunos amigos sobre este tema y una cosa de las que nos planteábamos era ¿qué transmitimos nosotros? ¿Qué les transmitimos a los demás? ¿Qué es lo que le transmitimos a los jóvenes? En primer lugar nos preguntábamos si justamente dábamos testimonio de Jesús. Y si ese testimonio de Jesús justamente se transmitía con alegría. ¿La gente nos ve felices? No preguntábamos a nosotros los sacerdotes. Porque si no nos ven felices si no nos ven contentos con lo que hacemos, no creo que a nadie le atraiga eso. Es verdad que esto tiene mucha más profundidad y que Dios trabaja en el corazón de las personas, pero es verdad que Dios se basa en las mediaciones también de nosotros. Entonces, lo primero era descubrir cómo nosotros tenemos que transmitir a ese Jesús con una alegría diferente. Y decíamos si los otros ven que una persona está cansada, siempre agobiada, ocupada, a veces de mal humor, que trata mal, que muestra que la Iglesia en vez de querer abrirse al otro cada vez se cierra más, eso no transmite a nadie. En cambio sí de a poquito, más allá de que hagamos más o menos cosas podemos transmitir que vivimos una alegría en lo profundo del corazón creo que eso sí, puede llevar al otro a preguntarse si eso también no le atrae a él. Ese es el testimonio que podemos hacer nosotros que obviamente hasta ahí llega, y después dependerá de los demás. Pero creo que lo central es vivir en felicidad aquello que ha encontrado. Y transmitir esa alegría que uno vive. Podríamos tomar otra área. El área de los matrimonios que muchas veces ha entrado en crisis durante este último tiempo. A veces vemos que los chicos tardan más en casarse, que se van a vivir juntos, que otros no quieren casarse. Y la primera pregunta más allá de que no se quieren comprometer, que tal cosa, que tal otra es, bueno ¿qué transmite uno como matrimonio? ¿Uno transmite la alegría de lo que vive? ¿Uno demuestra la felicidad de aquello que está compartiendo con el otro? O en primer lugar este mundo que nos hace estar a mil, que casi no nos da el tiempo para el otro, nos hace estar siempre cansados, agobiados, no poder compartir con el otro, no mostrar esa alegría de lo que uno cree estar compartiendo con la otra persona. Bueno, así podríamos preguntarnos con casa cosa, ¿transmitimos la alegría de lo que estamos viviendo? Porque si no podríamos hablar un montón, pero eso no podría terminar de cerrarle a ninguno de nosotros. Y esto es también lo que nos pide Jesús que transmitamos en el Evangelio. Creo que muchos de los que estamos acá tienen la experiencia de haber transmitido con alegría algo de lo que vivieron. Y eso transmite más de lo que uno pueda decir, explicar. Desde los más chicos que van a Pascua Joven y vuelven re contentos, copados, es lo más, no sé. Y le dicen al otro, mira no tengo mucho para explicarte pero tenes que ir no te lo podes perder. Y ese entusiasmo transmite. De los que han ido a misionar en la fe y también van a otros y le dicen, ¡es buenísimo! ¿y qué es misionar? Y no sé, es dormir en el piso, comer mal, pero anda igual que te va a gustar. No es lo que haces. Es lo que uno transmite. Es lo que uno vivió. Y así podríamos pensar con cada una de las áreas de la fe. De qué manera transmitimos la catequesis, de qué manera transmitimos la esperanza de seguir a Jesús, como hablábamos hace poco. Jesús quiere personas felices que vivan la alegría de seguirlo y que eso lo transmitan con alegría. Y eso es lo que nos dicen las lecturas de hoy. Fíjense, en la primera lectura el profeta Sofonías le dice al pueblo, griten de alegría. Muéstrenles a los demás lo que están viviendo. No le dicen transmítanlo así nomás. Griten, que todos escuchen lo que ha pasado por ustedes, como Dios se ha hecho presente en la vida de ustedes. Como Dios tocó sus vidas, como Dios transformó sus vidas. Grítenselo a los demás. Y que los demás puedan ver y escuchar la alegría que ustedes tienen porque Dios pasó por sus vidas. Dios los perdonó. Ahora ustedes grítenlo de alegría. En la segunda lectura, Pablo le pide a la comunidad de Filípos, alégrense en el Señor, vuelvan a insistir, dice, alégrense, por si no les quedó claro. Que ustedes hayan encontrado a Jesús tiene que ser un motivo de alegría. Bueno vívanla y transmítanla. Que los demás puedan contagiarse por ese testimonio que ustedes dan de alegría. Porque lo demás viene después. Muchas veces uno cree que faltan cosas. Falta enseñar más, falta hacer tal cosa, falta. Lo primero que falta es dar testimonio de que a mí esto me llena el corazón. Lo demás vendrá después. Y será parte de un camino y de un proceso en la fe. Y sé que muchas veces todos nos preguntamos de qué manera podemos dar testimonio de Jesús, de qué manera podemos anunciar. Creo que la primera manera es vivir la alegría de lo que uno ha encontrado en Jesús. Para que el otro también se pregunte, ¿bueno yo quiero vivir esto? ¿A mí me llama la atención esto? ¿Por qué el otro puede ser feliz por esto y yo no puedo ser feliz de esta manera? Creo que algo de esto es lo que transmitía Juan el Bautista. Porque la gente se acercaba a Juan, encontraban algo distinto en Juan. Y aún en un Juan que los invitaba a cambiar en un montón de cosas ellos se acercaban. Escuchamos el domingo pasado como los invitaba a convertirse, a cambiar. Y el no solo seguramente seguiría predicando eso, sino que la gente se la acerca y ya se ve que transformado un poco por Juan le dice, bueno ¿qué tengo que hacer? Decime. Y cada uno de ellos le va preguntando. Fíjense. Primero la gente ¿qué tenemos que hacer nosotros? Bueno compartan. El pan, la comida, lo que todos tenemos, ropa. Se acercan los que recaudaban los impuestos, ¿qué tengo que hacer? Bueno sé justo. Cobra lo justo no de más. Se acercan los soldados. Bueno, conténtate con lo que tenés. Fíjense a cada uno le dice según lo que está viviendo. Según lo que le está pasando. Y no le dice convertirse es hacer un cambio como si fuésemos Pablo que nos caemos del caballo para atrás y se transforma nuestra vida totalmente. Lo que les dice es, fíjense las pequeñas cosas en las que ustedes pueden transformarse. Bueno yo, como no soy Juan el Bautista, soy Mariano, no les voy a decir qué tienen que hacer. Así que no me lo pregunten, bueno pregúntenmelo si quieren. Si no los invito a ustedes a fijarse qué es lo que Jesús los invita a hacer. Creo que todos tenemos camino en la fe acá recorrido. Y todos muchas veces hemos dejado que esta pregunta resuene en nuestro corazón. Bueno, ya vamos caminando en el adviento. Ya la corona nos muestra que queda prender una vela, quedan 10 días hasta la Navidad. Queda poquito tiempo. Y Jesús quiere que la vivamos con alegría. Jesús quiere que el nacimiento sea motivo de alegría. Cuando alguien se embaraza, está embarazado transmite esa alegría. Y los demás viven y comparten esa alegría. Bueno nosotros tenemos acá un nacimiento que es alegría para todos, que es la alegría de que Jesús viene. Y tenemos tiempo todavía para preparar nuestro corazón para esta venida. Bueno, miremos, dejemos resonar esta alegría en el corazón y miremos en nuestra vida cotidiana, en la de todos los días, en lo que hoy nos toca, qué es lo que Jesús puede transformar. Y no solo dejemos que El transforme nuestros corazones para vivir esto de otra manera sino que vivámoslo con alegría. Y que esa alegría pueda ser testimonio para los demás. Pidámosle a Jesús, a Aquel que vivió la alegría de lo que el Padre le enviaba a María, la que se alegró porque Dios había obrado en ella, que también nosotros podamos vivir la alegría de los que Dios hace en nosotros.
Homilía: "recobren la esperanza" (Domingo II de Adviento)
En la película “Sueños de Libertad” Andy Dufresne es enjuiciado por asesinar a su mujer y su amante y es puesto en cadena perpetua en la cárcel. Y después de varios años que está preso tiene un diálogo con uno de sus compañeros del cual se había hecho amigo, Red, Morgan Freeman, en la cual están dialogando sobre lo que es la vida ahí. Red está bastante pesimista con obviamente todo lo que está viviendo encerrado en ese lugar. Y Andy le dice justamente hay lugares en este mundo que no son hechos de piedra, en el cual no estas rodeado de cemento. Y Red le contesta bueno pero de alguna u otra manera uno termina así en la vida. Y él le dice no, aún en estos lugares hay cosas de vos que los otros no pueden tocar. Y Red le pregunta ¿de qué me estás hablando? Y Andy le contesta de la esperanza. Y Red le dice, ojo vos, porque la esperanza es peligrosa. Te puede hacer mal, te puede terminar volviendo loco. Y Andy le termina contestando, es una elección. Es simple: dedicarse a vivir o dedicarse a morir. Y esto lo muestra el con lo que va intentando vivir el en ese lugar difícil. Y en la otra escena muestra también en la cual él a uno de los presos lo empieza a ayudar, era analfabeto, a poder terminar el colegio. Y le empieza a enseñar a estudiar, lo va guiando, él había luchado por armar una biblioteca, le va enseñando un montón de cosas. Y en un momento llega que hay que tomarle examen, así que le mandan el examen por carta, él era el tutor, le tiene que tomar el examen. Cuando termina el tiempo, Tommy que era este preso, se enoja porque dice que hizo todo mal, agarra el examen, lo hace un bollo, lo rompe y le dice que no sirvió para nada, ¿para qué hice esto, para que estudie tanto? Y Andy que era medio cabeza dura termina agarrando el examen, lo alisa, busca la mejor manera y lo envía. Y bueno, después ese examen vuelve al final con esta persona aprobada. Justito, le dice, pero aprobaste. Y nos muestra esa confianza que él tiene en el corazón. Ese creer en él, y creer en los demás. Más allá de lo que haya pasado, y cada uno haya vivido. Y esa fe y esa confianza los invita a vivir con esperanza. Y muestra esa esperanza que quiere vivir, y le intenta transmitir a los demás aún en los momentos difíciles y duros. Y esto es algo que a menudo, como hablábamos hace poco, nos sucede hace poco. Yo les decía que como cristianos se nos pregunta qué es lo que tenemos que vivir, qué es lo que tenemos que transmitir. Muchas veces vamos buscando de qué manera podemos dar testimonio de nosotros ante los demás. Y la primera respuesta que nos viene siempre a la cabeza, a la memoria es, bueno nosotros tenemos que ser hombres y mujeres de fe. Poder transmitir esa fe. Ahora, obviamente que podemos ser hombres y mujeres de fe y es en lo que se va a basar todo lo que vivimos. Pero la pregunta para mi es, ¿cuál es la actitud hoy que más puede servirle al mundo, más se puede transmitir a los demás? Y creo que si pensamos y miramos el mundo que nos rodea, tal vez es un mundo que si hay algo que falta es justamente esperanza. Tener esperanza. Confiar y creer que las cosas pueden ser de alguna manera distinta. Y en todo sentido. Desde el sistema económico, a nivel económico, donde todos la peleamos, la luchamos, donde las cosas mil veces se complican, desde lo social, desde la inseguridad, y lo difícil que vivimos. Desde lo vincular, y la relación que muchas veces nos cuesta con los demás. Desde nuestra propia vida que pensamos que ya las cosas no pueden ser diferentes, ya no pueden cambiar, ya no podemos volver atrás. Jesús nos invita siempre a querer vivir con esperanza, y que esa esperanza tenga un signo para los demás. Y esto es lo que buscó de alguna u otra manera transmitir a lo largo de toda la historia del pueblo de Israel. Si Dios hizo algo es, hacer una alianza con el pueblo. Mostrarle Su amor en esa alianza. Y en esa alianza y en ese amor que le quiere regalar a los demás siempre intentó transmitirles esperanza. Si miramos prácticamente toda la historia del pueblo de Israel podríamos decir que es un Dios que nos invita a volver a confiar y volver a esperar. Podríamos pensar casi desde el principio. Moisés, a Moisés le dice, ve y libera ese pueblo. A ese pueblo que había bajado los brazos, que no encontraba salidas, que era esclavo, ve y libéralos. Renuévalos, recupérales la esperanza. Y el pueblo va, guiado por Moisés y aún en el desierto todo el tiempo, como ustedes recuerdan, quiere volver atrás. Pierde la esperanza. Ya nos sirve para nada, esto no es lo que quería, esto no es como yo me había imaginado mi vida, el paso en el desierto, la comida o lo que fuere. Y continuamente Moisés, renovado por Dios va a devolverles la esperanza. Sigan caminando. Porque cuando uno pierda la esperanza lo primero que pierde es como a encerrarse. A olvidarse de lo que está alrededor, a no levantar la cabeza, a no mirar a los demás, a perder los deseos y las ilusiones. Y esto no solo lo hizo a través de Moisés. Todos los hombres que fue enviando para que hablen en nombre de Él, tenían esta misión. Baruc por ejemplo en la primera lectura de hoy. A un pueblo que está sufriendo, que está viviendo el dolor le dice, renovalos en la esperanza. Transmitiles que las cosas van a ser distintas. Que pueden ser distintas, que confíen, que tengan esperanza. Y así todos fueron transmitiendo esa esperanza. Por último Juan el Bautista, el texto que estamos escuchando hoy. Juan nos dice que nos convirtamos, que cambiemos. Una palabra a veces un poco rara y que nos cuesta a todos. Porque Juan invita a un bautismo de conversión o de penitencia, y en realidad a ninguno de nosotros nos gusta mucho que nos manden de penitencia. Desde el colegio, por eso tenemos como la imagen de que la penitencia es nos mandaron al rincón. Mira anda al rincón, fuiste. Y en realidad si vamos a lo profundo de la palabra “el convertirse”, la penitencia es justamente querer cambiar. Lo que le está diciendo Juan al pueblo que se está preparando por esta esperanza que Dios había prometido es cambien, vivan de otra manera. Y tal vez lo que le está diciendo es, ustedes que creen que las cosas no pueden ser distintas, que ya bajaron los brazos, que ya no saben dónde encontrar a Dios, vuelvan a tener esperanza. Recobren la esperanza en el corazón, vivan de otra manera. Eso es lo que Juan quiere transmitirle a su pueblo. Eso es para lo que lo envía Dios. Para que sea un hombre que pueda transmitir a los demás aquello que ha perdido. Pero no solamente lo tiene que hacer el. Sino que lo tienen que hacer los demás. Y por eso le cita este texto del profeta Isaías “preparen los caminos, allanen los senderos, rellenen los valles, aplanen las montaña”. Parece una constructora, parece que estuviese adelantado Lucas o Isaías, y le dice bueno vamos a preparar que las cosas sean más fáciles, le está diciendo. Porque a veces sentimos en nuestra vida que caemos como en valles profundos, en huecos, en hoyos, y que no encontramos la salida. Miramos para donde y no encontramos por donde salir. Parece que todo se oscureció, que ya no hay salida, que las cosas son muy duras y difíciles. O que la montaña es muy empinada y que no tengo fuerzas para poder llegar. Para vivir esos deseos que tenía en el corazón, aquello que quería, aquello que esperaba. Bueno, Dios le pide a Juan que él y que los demás sean los que hagan que las cosas para los otros sean más fáciles. Les va transmitiendo que son ellos los que pueden hacer que Jesús, que Dios, llegue a los demás de una manera más simple. ¿Cómo? Si se animan a preparar los caminos. Si los trazan, si los enderezan. Si los hacen menos sinuosos. Creo que todos nosotros somos hombres de fe, en mayor o menor medida estamos acá porque creemos en Dios. Ahora esa fe, la tuvimos que confirmar en algún momento de nuestra vida. No es como en la cristiandad, no sé hace 500 años que Dios era evidente y uno creía en Dios, por lo menos en el mundo conocido. Hoy no te asegura nada nada. Podes nacer en el seno de una familia re católica e igual en algún momento de mi vida yo voy a tener que optar por Dios. Yo voy a tener que elegir a Dios. Cada uno de nosotros tenemos experiencia. Creo que lo hemos hecho o lo tendremos que hacer en muchos momentos de la vida decir si queremos volver a creer y confiar en Dios. Y tenemos experiencia que muchos seres cercanos a nosotros no que nunca conocieron a Jesús o que la familia no creía, sino en nuestras propias familias o muy cercanos que no creen de la misma manera o no creen directamente en Dios. Y por eso esto tiene algo muy positivo que es la opción por Dios la tenemos que hacer cada uno de nosotros. A veces vemos el lado negativo que es, bueno somos menos, cuesta transmitirlo, cuesta que se viva. Bueno, será que es el momento en el que cada uno elija a Dios. Ahora no basta solamente por creer. Ese creer se tiene que mover, se tiene que movilizar y hacer acción. Juan creyó en lo que se le había prometido. Y como creyó en lo que se le había prometido se lo anunció a los demás. Y les devolvió la esperanza a los demás. Los demás tuvieron que hacer su camino. Cada uno el suyo. Pero él podía ayudarlos. Él podía acompañarlos. Esto es lo que se nos invita hoy a nosotros. Como les decía, creo que todos creemos en Dios. Ahora se nos invita a vivirlo y a vivirlo hoy. La esperanza que Juan le prometió al pueblo, se cumplió. Se vivió. Jesús se hizo hombre. Jesús estuvo entre nosotros. Jesús cumplió la promesa del Padre. Jesús estuvo, vivió y renovó a un pueblo. Y lo hizo caminar de una manera distinta y por eso muchos empezaron a anunciar esa esperanza. Muchos empezaron a vivir de otra manera. Muchos empezaron a compartirla con los demás. Pablo, en la segunda lectura anuncia a Jesús y se alegra por lo que ve que ese anuncio hizo en los demás. Y les dice por eso, los llevo a todos en el corazón, porque Dios está en ustedes, porque lo viven. Y rezo por ustedes porque tengo la esperanza de que lo van a seguir viviendo, de que van a seguir este camino. Hoy somos nosotros los hombres y mujeres de esperanzas. Los hombres y mujeres que podemos llevar algo a los demás, distinto de lo que viven. Y no solamente porque confiamos en que Dios en este Adviento va a volver a venir a nosotros sino porque Dios cumple las promesas en la historia. Porque Dios se hace presente en la vida, porque Dios cambió la historia. Y porque Dios puede cambiar las cosas hoy. Pero para eso nosotros tenemos que animarnos a anunciarlo a los demás. Animarnos a que otros puedan vivir esto. Mostrarles el camino a los demás. En cada lugar en el que estamos, en cada lugar en el que vivimos. La esperanza es algo que se transmite. Que distinto es cuando uno, aún en los momentos difíciles tiene la gracia de tener alguien al lado que lo puede vivir con alegría, lo vive con esperanza, lo vive de una manera diferente. Y uno cuando está con los demás dice, ¿qué le pasa a este? Es como que eso llama la atención. Bueno, creo que tenemos que animarnos a ser portavoces de esperanza y de buenas noticias, ¿no? A mí me pasa muchas veces que cuando la gente viene a hablar conmigo además de confesarse, bueno viene porque tiene algún problema. Y vienen a decirme bueno me pasa esto, me pasa esto, me pasa esto. No pasa nada sigan viniendo los banco a muerte no hay problema por eso. Y a veces les digo también bueno vengan también cuando tengan alguna buena aunque sea vengan y díganme me fue bien en la facultad, no solamente me fue mal. Me puse de novio, de novia, pasó tal cosa. Animémonos a transmitir cosas buenas también. Cosas que den esperanza, cosas que den alegría. Porque si no uno siente que todo se hace pesado. Uno siente que todo se cierra y animémonos a descubrir esos signos. A veces pequeños, a veces cotidianos, pero que cambian la vida. Que cambian la vida de uno y que cambian la vida de los demás cuando lo comparto. Bueno, esto es a lo que nos invita Jesús en este tiempo. A abrir el corazón a los pequeños signos. Belén fue un pequeño signo. El pesebre fue un pequeño signo. Los que esperaban grandes cosas no lo vieron. Los que miraron en lo sencillo lo descubrieron. Esto es lo que nos toca en nuestra vida. Esto es lo que tenemos que transmitir a los demás. Ver grandes cosas en lo sencillo. Descubrir lo profundo en aquello que casi parece imperceptible. Y así también poder transmitir a los demás esa esperanza que tenemos en el corazón. Pidámosle a Juan, a aquel que se animó a animar a sus hermanos, a anunciarles una esperanza distinta, a anunciarles un Jesús que venía a ellos, que también nosotros podamos hacer eso: preparar en este adviento el camino para los demás, allanar los senderos para que otros descubran este Dios que con una esperanza distinta quiere renovar sus vidas.
(Adviento, Domingo II , lecturas: Bar 5,1-9; Sl 125; Flp 1,4-11; Lc 3,1-6)
(Adviento, Domingo II , lecturas: Bar 5,1-9; Sl 125; Flp 1,4-11; Lc 3,1-6)
Homilía: "tengan ánimo, levanten la cabeza" (Domingo I Adviento)
Este año salió una película que se llamó “Enemigo Público” con Johnny Depp que cuenta la vida de John Dillinger, un ladrón bastante famoso en los Estados Unidos, quien después de ser rescatado de la cárcel, continúa su antigua vida, pero habiendo aprendido un poco mejor como robar bancos. Era la época de la gran depresión en Estados Unidos. Y no solo robaba sino que se ganaba el aprecio de la gente que estaba muy enojada con los bancos. Podríamos decir que similar a muestro sentimiento en la época del corralito, cuando uno no podía sacar su propia plata.
Y en un momento sucede una escena, en una mesa de un restaurant, en la que John se encuentra con una de las personas que lo ayudaban, Avin, dándole datos de que banco iba a tener plata y en qué momento convenía hacer el trabajo. Sin embargo esta vez Avin, le da un nuevo dato, diciéndole hay un nuevo y gran trabajo que se puede hacer: “Va a pasar un tren que va a traer mucha plata”, le dice. John le contesta: “nosotros no robamos trenes sino bancos, así que no lo vamos a hacer”. Entonces Avin insiste comentándole que hay muchísima plata, que tiene que aprovechar la oportunidad. Además le agrega: “Si haces esto, ya te podes retirar, tenés que pensar en tu futuro. A lo que John le contesta: “¿Para qué? Si yo la estoy pasando bien. Disfruto de la vida… Igualmente, quédate tranquilo, haré lo del tren.”
Y pensaba como, más allá de este caso particular donde John está haciendo algo malo, como es robar, también a nosotros nos pasa que por estar pasándola bien, disfrutando de un momento que nos toca vivir, nos cuesta mirar para adelante. Nos cuesta levantar la cabeza y decir: “esto es lo que quiero, esto es lo que deseo.” Entonces seguimos haciendo, casi naturalmente, aquello que en este momento nos gusta, nos hace bien, pero no nos preguntamos si esto nos sirve para más adelante. Si eso nos hace crecer en la vida.
Hago lo que hoy descubro. O, lo que es más complicado, lo que el mundo me invita. Entonces como el mundo nos invita, aún en las cosas buenas, a tener todo hoy, luchamos por eso. No importa el camino o el proceso que yo tenga que hacer para lograrlo. No importa lo que uno tenga que prepararse para llegar hasta ese momento. Lo importante y imprescindible pasa a ser que lo consiga hoy. Y esto no pasa sólo, cuando estamos alegres, contentos, disfrutando de la vida, sino que también nos pasa cuando estamos sumergidos en algún momento duro y difícil, que tampoco nos deja mirar y levantar la cabeza para ver qué es lo que queremos, para descubrir qué es lo que deseamos. No vislumbramos por donde viene esa luz, aquello que nos pueda sacar de lo que hoy nos está pasando. Y esta bien que lo central justamente en la vida es descubrir qué es lo que tiene que hacer cada uno en cada momento, es más saber qué es necesario para cada momento. Hay que aprender a vivir el hoy, el presente, pero sin perder de vista el horizonte hacia el que yo camino. Y esto es un arte que lleva toda la vida.
Cuando uno es joven, uno dice muchas veces: “estoy disfrutando, tengo tiempo”, y no se preocupa tanto. Sin embargo cuando uno es más grande, donde uno está sumergido en un montón de tareas y no tiene tiempo para nada, sucede lo mismo. Tengo que atajar penales todos los días y casi no se puede ni proyectar que quiero. O cuando uno llega más o menos a la mitad de la vida y se pregunta un montón de cosas de lo que hizo, si valió la pena, si tengo que seguir caminando por donde vengo, o hacia dónde ir; o para qué sirvió lo que hice, qué es lo que quiero, qué es lo que deseo. Creo que es algo que repetidamente se nos viene al corazón.
Tal vez lo primero y central es descubrir, quién soy, qué quiero y hacia dónde voy. Y qué es lo que tengo que vivir hoy para poder lograr esto. Aún en aquello que no se ve. Aún en aquello que se está gestando. Y esto es lo propio del Adviento. Hoy estamos comenzando para nosotros el año litúrgico. Y estamos iniciando este tiempo de Adviento como preparación para la Navidad, como preparación para ese momento importante en el cual Jesús quiere venir a nosotros. El problema es que Jesús no viene a nosotros en un momento muy oportuno, porque viene en el momento en que nosotros queremos cerrar todo. Si alguien nos dice: “tenés ganas de empezar…”, hasta ahí llega, no le dejamos decir nada más. Salvo que sea pensar en las vacaciones, todo lo demás lo queremos frenar, porque estamos en un momento de cerrar cosas. Bueno, lamentablemente, Jesús nos invita a frenar y mirar de una manera especial en este momento. A poder descubrir en el corazón aquellas cosas que nos pueden ayudar a vivir de una manera diferente. A prepararnos. Y tal vez este evangelio, que es un poco difícil, tiene la clave para poder vivirlo. Porque uno podría decir, no me hables de nada nuevo que estoy agotado con todo lo que tengo. Terminar el colegio, si es que no me llevé materias y tengo que seguir estudiando (o empezar a hacerlo), la facultad donde para colmo todo se atrasó y tengo exámenes hasta el 31 de diciembre más o menos. Los trabajos, donde de pronto nos damos cuenta que todo lo que no se hizo en el año se quiere hacer ahora, también en nuestras casas o en donde fuera. Pareciera que todo explota, que no hay salida de todo esto. Y esto es lo que pasa en el Evangelio, fíjense las imágenes. El sol hará tal cosa, la luna, las estrellas, los cielos, la tierra, parece como que todo va a explotar. Y la primera imagen que nos da es miedo, yo no quiero todo eso. Más aún incentivado un poco por todo lo que escuchamos. Las sectas más apocalípticas que dicen se acerca el fin del mundo, huyan o vengan para acá, mejor dicho. Las películas, el otro día me vinieron a preguntar si esto del 2012 (nueva película) era verdad. Bueno va a pasar lo mismo, en el 2013 hablaremos de la del 2015, en el 2015 de la del 2022, como no sabemos el día ni la hora tenemos que seguir esperando, quédense tranquilos. Y todo esto hace que sea como un coctel explosivo, casi como nuestras vidas en estos momentos. Y Jesús nos dice, cuando este pasando todo eso, que no saben para dónde correr, levanten la cabeza, miren y tengan ánimo. Y creo que lo que necesitamos nosotros en estos momentos es que nos digan algo así: “miren tengan ánimo, quédense tranquilos, la vida continúa”. No pero tengo que hacer tal cosa… quédate tranquilo, la vida va a continuar andando, vamos a encontrar los caminos, vamos a encontrar la manera, pero para eso mira para adelante. Porque cuando tenemos un montón de cosas por hacer, o problemas que resolver lo primero que tendemos a hacer es como a achicarnos. Ni queremos levantar la cabeza. Nos quedamos encerrados en esa burbuja en la que estamos y no nos permitimos ver lo que está surgiendo o pasando a nuestro alrededor.
Podríamos pensar, por ejemplo, cuando nació Jesús. El pueblo esperaba que Jesús viniera. Y algo se fue gestando después de muchos años de historia en el pueblo de Israel. Sin embargo ¿quién se dio cuenta? María, José, que bueno no tuvieron otra, los pastores que fueron al pesebre a ver a Jesús, los Reyes Magos que fueron hasta ahí para verlo, el buey, la vaca que estaban en el establo, no sé. No muchos más se dieron cuenta de lo que se estaba gestando. Y tuvieron que esperar un tiempo, 30 años, para darse cuenta de lo que se había gestado, de lo que había aparecido. Podríamos decir que esos 30 años de Jesús son como un gran Adviento para el pueblo, preparándose para Aquel que iba a venir (o que ya había venido). Nosotros por lo menos tenemos 4 semanas, imagínense si nos dicen 30 años de Adviento para prepararse.
Y en la vida sucede algo así. Hay que aprender a descubrir algo que uno muchas veces no percibe. Pensaba como imagen tal vez, cuando alguien, bueno por ahora y creo que por mucho tiempo las mujeres, están embarazadas. Por más que hoy digan “estamos embarazados”, la que está embarazada, sabemos, es la mujer. Y creo que lo difícil muchas veces para nosotros, los hombres, es descubrir lo que está pasando en la otra persona. Porque para la mujer es muy fácil, empieza a sentirse mal, la panza empieza a crecer sin necesidad de comer de más, y ella se da cuenta muy rápido lo que está sucediendo. Sin embargo creo, podrían explicarlo mejor los padres ya que yo que no tengo experiencia en esto, los varones tenemos que darnos cuenta que algo se está gestándose en el otro. Que algo está pasando. Que hay gestos y signos concretos de que hay vida ahí. Que algo distinto está surgiendo. Nueves meses después sí lo vamos a poder ver y lo vamos a poder hacer sensible. Pero mientras tanto, más que ver una panza que crece, a veces cuando ya es un poquito más grande poner la mano, tocarlo, palparlo, y hoy ver 58 ecografías 3D (que tiene que ver toda la familía), más no se puede. Y pensaba como, analógicamente, Jesús nos invita a vivir algo así. Aún en estos tiempos difíciles Jesús nos dice levanten la cabeza, tengan ánimo, hay algo que se está gestando, hay algo que está pasando.
Y uno podría pensar que en ese entonces era más fácil porque estaba Jesús. Nosotros también creemos que Jesús está. El tema es percibirlo, el tema es descubrirlo. El tema es darse cuenta. Y si bien Jesús no esta de la misma forma y manera, tenemos una ventaja. Que Jesús nos invita a esperar con una certeza. Dios la promesa ya la cumplió. Dios ya vino a nosotros. Dios dio la vida, y esa es la esperanza más profunda. Y eso es lo que se nos invita a vivir. Y por eso se nos invita a prepararnos. Tal vez a contramano está pasando algo.
Cuando tenemos ganas, tenemos tiempo, porque aun corriendo, cuando llegue el día de Navidad vamos a tener la mesa preparada, vamos a haber comprado los regalos, vamos a festejar juntos, vamos a hacer un montón de cosas. Es más, ya estamos preparando las vacaciones. La pregunta es, si aun en medio de estas corridas queremos darle un ratito de tiempo a Jesús. Preparar el corazón para Él. Descubrir los pequeños gestos que pone en nuestra vida, las pequeñas personas que son razones para vivir de una manera distinta. Esa es la esperanza del cristiano. Muchas veces el mundo pide millones de cosas y signos enormes para ver que Dios esta presente. Ahí no se basa nuestra esperanza. Nuestra esperanza se basa en los signos cotidianos de todos los días. Ser cristiano significa descubrir en lo que está pasando un Dios distinto, un Dios que se gesta, un Dios que pasa. Y poder transmitirlo. Poder dar testimonio de eso. Decir, en un mundo donde le cuesta vivir más tranquilo, tengan esperanza; pronunciarlo en voz alta. Decirle a los demás, yo vivo esto, yo vivo esta alegría, yo tengo esta esperanza. Hay alguien que viene y se quiere hacer presente. Y esa es la alegría de lo que quiero anunciar. De lo simple, de lo que pasa todos los días. Pidámosle entonces hoy a Jesús, que en medio de lo que todos estamos viviendo, podamos en este tiempo de Adviento tomarnos un momento. Un momento en la semana para poner nuestra vida en Él. Para descubrir de qué manera se hace presente en nuestras vidas. De qué manera se gesta y nos acompaña. Y para poder junto con María, anunciarlo en esta Navidad.
(Adviento, Domingo I , lecturas: Dt 7, 13-14; Sal. 92, 1ab. 1c-2. 5.; Ap 1, 5-8; Jn 18, 33-37)
Y en un momento sucede una escena, en una mesa de un restaurant, en la que John se encuentra con una de las personas que lo ayudaban, Avin, dándole datos de que banco iba a tener plata y en qué momento convenía hacer el trabajo. Sin embargo esta vez Avin, le da un nuevo dato, diciéndole hay un nuevo y gran trabajo que se puede hacer: “Va a pasar un tren que va a traer mucha plata”, le dice. John le contesta: “nosotros no robamos trenes sino bancos, así que no lo vamos a hacer”. Entonces Avin insiste comentándole que hay muchísima plata, que tiene que aprovechar la oportunidad. Además le agrega: “Si haces esto, ya te podes retirar, tenés que pensar en tu futuro. A lo que John le contesta: “¿Para qué? Si yo la estoy pasando bien. Disfruto de la vida… Igualmente, quédate tranquilo, haré lo del tren.”
Y pensaba como, más allá de este caso particular donde John está haciendo algo malo, como es robar, también a nosotros nos pasa que por estar pasándola bien, disfrutando de un momento que nos toca vivir, nos cuesta mirar para adelante. Nos cuesta levantar la cabeza y decir: “esto es lo que quiero, esto es lo que deseo.” Entonces seguimos haciendo, casi naturalmente, aquello que en este momento nos gusta, nos hace bien, pero no nos preguntamos si esto nos sirve para más adelante. Si eso nos hace crecer en la vida.
Hago lo que hoy descubro. O, lo que es más complicado, lo que el mundo me invita. Entonces como el mundo nos invita, aún en las cosas buenas, a tener todo hoy, luchamos por eso. No importa el camino o el proceso que yo tenga que hacer para lograrlo. No importa lo que uno tenga que prepararse para llegar hasta ese momento. Lo importante y imprescindible pasa a ser que lo consiga hoy. Y esto no pasa sólo, cuando estamos alegres, contentos, disfrutando de la vida, sino que también nos pasa cuando estamos sumergidos en algún momento duro y difícil, que tampoco nos deja mirar y levantar la cabeza para ver qué es lo que queremos, para descubrir qué es lo que deseamos. No vislumbramos por donde viene esa luz, aquello que nos pueda sacar de lo que hoy nos está pasando. Y esta bien que lo central justamente en la vida es descubrir qué es lo que tiene que hacer cada uno en cada momento, es más saber qué es necesario para cada momento. Hay que aprender a vivir el hoy, el presente, pero sin perder de vista el horizonte hacia el que yo camino. Y esto es un arte que lleva toda la vida.
Cuando uno es joven, uno dice muchas veces: “estoy disfrutando, tengo tiempo”, y no se preocupa tanto. Sin embargo cuando uno es más grande, donde uno está sumergido en un montón de tareas y no tiene tiempo para nada, sucede lo mismo. Tengo que atajar penales todos los días y casi no se puede ni proyectar que quiero. O cuando uno llega más o menos a la mitad de la vida y se pregunta un montón de cosas de lo que hizo, si valió la pena, si tengo que seguir caminando por donde vengo, o hacia dónde ir; o para qué sirvió lo que hice, qué es lo que quiero, qué es lo que deseo. Creo que es algo que repetidamente se nos viene al corazón.
Tal vez lo primero y central es descubrir, quién soy, qué quiero y hacia dónde voy. Y qué es lo que tengo que vivir hoy para poder lograr esto. Aún en aquello que no se ve. Aún en aquello que se está gestando. Y esto es lo propio del Adviento. Hoy estamos comenzando para nosotros el año litúrgico. Y estamos iniciando este tiempo de Adviento como preparación para la Navidad, como preparación para ese momento importante en el cual Jesús quiere venir a nosotros. El problema es que Jesús no viene a nosotros en un momento muy oportuno, porque viene en el momento en que nosotros queremos cerrar todo. Si alguien nos dice: “tenés ganas de empezar…”, hasta ahí llega, no le dejamos decir nada más. Salvo que sea pensar en las vacaciones, todo lo demás lo queremos frenar, porque estamos en un momento de cerrar cosas. Bueno, lamentablemente, Jesús nos invita a frenar y mirar de una manera especial en este momento. A poder descubrir en el corazón aquellas cosas que nos pueden ayudar a vivir de una manera diferente. A prepararnos. Y tal vez este evangelio, que es un poco difícil, tiene la clave para poder vivirlo. Porque uno podría decir, no me hables de nada nuevo que estoy agotado con todo lo que tengo. Terminar el colegio, si es que no me llevé materias y tengo que seguir estudiando (o empezar a hacerlo), la facultad donde para colmo todo se atrasó y tengo exámenes hasta el 31 de diciembre más o menos. Los trabajos, donde de pronto nos damos cuenta que todo lo que no se hizo en el año se quiere hacer ahora, también en nuestras casas o en donde fuera. Pareciera que todo explota, que no hay salida de todo esto. Y esto es lo que pasa en el Evangelio, fíjense las imágenes. El sol hará tal cosa, la luna, las estrellas, los cielos, la tierra, parece como que todo va a explotar. Y la primera imagen que nos da es miedo, yo no quiero todo eso. Más aún incentivado un poco por todo lo que escuchamos. Las sectas más apocalípticas que dicen se acerca el fin del mundo, huyan o vengan para acá, mejor dicho. Las películas, el otro día me vinieron a preguntar si esto del 2012 (nueva película) era verdad. Bueno va a pasar lo mismo, en el 2013 hablaremos de la del 2015, en el 2015 de la del 2022, como no sabemos el día ni la hora tenemos que seguir esperando, quédense tranquilos. Y todo esto hace que sea como un coctel explosivo, casi como nuestras vidas en estos momentos. Y Jesús nos dice, cuando este pasando todo eso, que no saben para dónde correr, levanten la cabeza, miren y tengan ánimo. Y creo que lo que necesitamos nosotros en estos momentos es que nos digan algo así: “miren tengan ánimo, quédense tranquilos, la vida continúa”. No pero tengo que hacer tal cosa… quédate tranquilo, la vida va a continuar andando, vamos a encontrar los caminos, vamos a encontrar la manera, pero para eso mira para adelante. Porque cuando tenemos un montón de cosas por hacer, o problemas que resolver lo primero que tendemos a hacer es como a achicarnos. Ni queremos levantar la cabeza. Nos quedamos encerrados en esa burbuja en la que estamos y no nos permitimos ver lo que está surgiendo o pasando a nuestro alrededor.
Podríamos pensar, por ejemplo, cuando nació Jesús. El pueblo esperaba que Jesús viniera. Y algo se fue gestando después de muchos años de historia en el pueblo de Israel. Sin embargo ¿quién se dio cuenta? María, José, que bueno no tuvieron otra, los pastores que fueron al pesebre a ver a Jesús, los Reyes Magos que fueron hasta ahí para verlo, el buey, la vaca que estaban en el establo, no sé. No muchos más se dieron cuenta de lo que se estaba gestando. Y tuvieron que esperar un tiempo, 30 años, para darse cuenta de lo que se había gestado, de lo que había aparecido. Podríamos decir que esos 30 años de Jesús son como un gran Adviento para el pueblo, preparándose para Aquel que iba a venir (o que ya había venido). Nosotros por lo menos tenemos 4 semanas, imagínense si nos dicen 30 años de Adviento para prepararse.
Y en la vida sucede algo así. Hay que aprender a descubrir algo que uno muchas veces no percibe. Pensaba como imagen tal vez, cuando alguien, bueno por ahora y creo que por mucho tiempo las mujeres, están embarazadas. Por más que hoy digan “estamos embarazados”, la que está embarazada, sabemos, es la mujer. Y creo que lo difícil muchas veces para nosotros, los hombres, es descubrir lo que está pasando en la otra persona. Porque para la mujer es muy fácil, empieza a sentirse mal, la panza empieza a crecer sin necesidad de comer de más, y ella se da cuenta muy rápido lo que está sucediendo. Sin embargo creo, podrían explicarlo mejor los padres ya que yo que no tengo experiencia en esto, los varones tenemos que darnos cuenta que algo se está gestándose en el otro. Que algo está pasando. Que hay gestos y signos concretos de que hay vida ahí. Que algo distinto está surgiendo. Nueves meses después sí lo vamos a poder ver y lo vamos a poder hacer sensible. Pero mientras tanto, más que ver una panza que crece, a veces cuando ya es un poquito más grande poner la mano, tocarlo, palparlo, y hoy ver 58 ecografías 3D (que tiene que ver toda la familía), más no se puede. Y pensaba como, analógicamente, Jesús nos invita a vivir algo así. Aún en estos tiempos difíciles Jesús nos dice levanten la cabeza, tengan ánimo, hay algo que se está gestando, hay algo que está pasando.
Y uno podría pensar que en ese entonces era más fácil porque estaba Jesús. Nosotros también creemos que Jesús está. El tema es percibirlo, el tema es descubrirlo. El tema es darse cuenta. Y si bien Jesús no esta de la misma forma y manera, tenemos una ventaja. Que Jesús nos invita a esperar con una certeza. Dios la promesa ya la cumplió. Dios ya vino a nosotros. Dios dio la vida, y esa es la esperanza más profunda. Y eso es lo que se nos invita a vivir. Y por eso se nos invita a prepararnos. Tal vez a contramano está pasando algo.
Cuando tenemos ganas, tenemos tiempo, porque aun corriendo, cuando llegue el día de Navidad vamos a tener la mesa preparada, vamos a haber comprado los regalos, vamos a festejar juntos, vamos a hacer un montón de cosas. Es más, ya estamos preparando las vacaciones. La pregunta es, si aun en medio de estas corridas queremos darle un ratito de tiempo a Jesús. Preparar el corazón para Él. Descubrir los pequeños gestos que pone en nuestra vida, las pequeñas personas que son razones para vivir de una manera distinta. Esa es la esperanza del cristiano. Muchas veces el mundo pide millones de cosas y signos enormes para ver que Dios esta presente. Ahí no se basa nuestra esperanza. Nuestra esperanza se basa en los signos cotidianos de todos los días. Ser cristiano significa descubrir en lo que está pasando un Dios distinto, un Dios que se gesta, un Dios que pasa. Y poder transmitirlo. Poder dar testimonio de eso. Decir, en un mundo donde le cuesta vivir más tranquilo, tengan esperanza; pronunciarlo en voz alta. Decirle a los demás, yo vivo esto, yo vivo esta alegría, yo tengo esta esperanza. Hay alguien que viene y se quiere hacer presente. Y esa es la alegría de lo que quiero anunciar. De lo simple, de lo que pasa todos los días. Pidámosle entonces hoy a Jesús, que en medio de lo que todos estamos viviendo, podamos en este tiempo de Adviento tomarnos un momento. Un momento en la semana para poner nuestra vida en Él. Para descubrir de qué manera se hace presente en nuestras vidas. De qué manera se gesta y nos acompaña. Y para poder junto con María, anunciarlo en esta Navidad.
(Adviento, Domingo I , lecturas: Dt 7, 13-14; Sal. 92, 1ab. 1c-2. 5.; Ap 1, 5-8; Jn 18, 33-37)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)