miércoles, 16 de junio de 2010

Homilía: "'Animarse a pedir perdón" (Domingo IV tiempo pascual)

Estamos celebrando como Iglesia el cuarto domingo de Pascua, en el cual se nos invita a poner la mirada en Jesús Buen Pastor, en este Pastor que Dios le regaló a su pueblo, distinto de otros pastores que hasta ese momento tenía la gente, el pueblo de Israel de diferentes maneras. Y hemos escuchado el final de este discurso en el cual ahí en Juan 10, nos va diciendo que Él es el buen pastor, que cuida de las ovejas, que es un pastor distinto de los demás, que las protege, que las reúne en un solo rebaño, que las conoce una por una y que ellas lo conocen y como dice este texto, cuando escuchan su voz, van detrás de Él. Yo pensaba, ¿de qué manera les hablaría este pastor al corazón que las ovejas lo reconocían y que iban detrás de Él? O que nosotros, hombres y mujeres, lo hemos reconocido y hemos ido detrás de Él. Y pensaba en esos comienzos de la predicación evangélica, como nos dice la primera lectura de los hechos. Donde como ustedes saben, al principio no hubo una división muy grande entre cristianos y judíos. Los judíos, o los apóstoles, para que se den una idea seguramente hasta el día sábado que para nosotros sería sábado de Ramos, seguramente habían ido a la sinagoga con Jesús, en la última cena Jesús está celebrando la Pascua judía cuando instituye la eucaristía, entonces para ellos Jesús era un judío más que traía algo nuevo. Y es por eso que durante mucho tiempo los apóstoles siguieron yendo a la sinagoga y reuniéndose con los judíos. Los sábados celebraban en las sinagogas, los domingos de a poquito se fueron reuniendo a celebrar la eucaristía, esa misa que iban haciendo y que hoy celebramos de esta forma y manera. Sin embargo esto fue creciendo, los cristianos fueron siendo de a poquito más, en las sinagogas de los judíos fueron predicando y esto llegó a su punto culmen o al conflicto más grande con la muerte de Esteban, cuando por primera vez tenemos noticias de que a alguien lo matan por predicar la Palabra de Dios, por anunciar a Jesús. Y a partir de ahí los discípulos se van a dispersar y se van a dar cuenta de que ya no pueden entrar a las sinagogas. Y a partir de ahí, más o menos, va a comenzar esta ruptura en la cual ellos van a empezar a ser llamados cristianos por primera vez en Antioquía y van a empezar a anunciar no solo a los judíos, a quien al principio le anunciaban, sino también a los paganos, a la mayor parte del mundo. Y esto surge casi de dos maneras. Pablo dice que, como escuchamos en la primera lectura los judíos no escucharon la Palabra que Dios tenía para ellos en Jesús, cerraron el corazón y por eso lo tienen que anunciar a otros, que es en parte lo que pasó. Lucas más adelante en hechos nos va a decir que con Felipe y con Pedro el Espíritu lo fue guiando de a poco a anunciar esa palabra a los paganos. Seguramente se fueron dando las dos cosas, mientras los judíos cerraban el corazón, el Espíritu los fue guiando por nuevos caminos. Y así esa palabra fue creciendo, y se fue haciendo lugar en el corazón de muchos hombres y mujeres. Ahora, para que se den una idea de la magnitud de esto, vamos a tomar una de las cartas de Pablo, la carta a los corintios que es la más larga en extensión que tenemos con las dos cartas. Corinto era una ciudad de dos puertos, una ciudad más grande, en la que se calcula que en una ciudad así habitarían más o menos 400.000 personas aproximadamente. Y los últimos estudios dicen que seguramente la comunidad cristiana en corinto tenía 250 miembros. Esto es para que nos demos cuenta un poquito de los tamaños. A veces nosotros cuando escuchamos la comunidad de cristianos en Corinto, pensamos que todo Corinto estaba convertido. Y esto nos muestra el camino que la Iglesia tuvo que ir haciendo. Cómo esos primeros discípulos, apóstoles, luego los obispos, los sacerdotes, y numerosos cristianos, laicos de todo tipo fueron anunciando este evangelio a Jesús para que aún hoy los cristianos sean como religión la mayoría en el mundo. Sin embargo descubrimos que hoy esta como en una crisis. No es tan así. No es tan simple la cosa. Entonces lo primero que nos podríamos preguntar es bueno si tenemos un buen mensaje para dar, si tenemos algo bueno para llevar a los demás. Perdonando la comparación porque no se puede hacer así, pero, podríamos decir que el problema no es el producto. El producto que tenemos es Jesús, el mensaje que tenemos es el mejor, creemos. No hay algo mejor que Jesús para anunciarlo. Y aquello que nos viene a dar en resumen todo lo que nos da día a día es esto que está acá, “Yo les doy la vida eterna”, lo que los chicos nos pusieron en este cartel. Un pastor que se preocupa por cada uno de nosotros y que quiere que su mensaje llegue a nosotros. Sin embargo descubrimos como que ese mensaje está en crisis. Ahora si el problema no es “quien” es al que tenemos que transmitir, que es Jesús, si el problema no es el contenido del mensaje, la pregunta es ¿cómo lo estamos transmitiendo? Y ¿cuáles son los problemas que tenemos en eso para que esto no atraiga de la misma manera que antes. Es decir, o nos quedamos en una respuesta simplista que es, los otros no se dan cuenta de lo bueno que tengo yo para darles, o empezamos a pensar en serio qué es lo que pasa ahí en el medio.
Y para no dejarlos sin película este fin de semana, yo pensaba una película que salió hace como 10 años que se llama Divinas Tentaciones, que alguna vez ya hablamos, en la cual Jake es un rabino judío y Brian un sacerdote católico, amigos desde pequeños. Y llega Anna a la ciudad, también amiga de la infancia y sucede estas cosas que sucede siempre cuando hay una mujer entre dos hombres no solamente en las películas. La historia va avanzando y Jake empieza a tener una historia de amor con esta chica Anna pero no se anima a decirlo porque la chica es católica y él es casi rabino, judío, entonces siente que esto no lo puedo decir. Y sigue la película con una fiesta, celebración muy importante para los judíos que es el Iom Kippur. Él se había hecho muy famoso predicando, había mucha gente y todos esperaban qué era lo que iba a decir. Y él va ahí adelante y lo único que le dice es que le quiere pedir perdón a su comunidad. Les quiero pedir perdón porque no confié en ustedes, les dice. Yo estoy saliendo con una chica, una chica católica. Y más allá de este conflicto que a mí me podría traer yo tendría que haber confiado a en mi comunidad. Así que en este día del perdón, como comunidad les quiero pedir perdón.
Yo pensaba, Jake podría haber puesto un montón de excusas en esto, bueno que era difícil, que el tiempo que se vive, que no era tan libre. Sin embargo no buscó excusas y aceptó que se había equivocado y eso fue lo que lo ayudó a cambiar y a crecer, el aceptar que había cosas que estaba haciendo mal. Y yo pensaba bueno si nosotros tenemos un buen pastor que tiene un mensaje muy bueno para darlo, en qué es en lo que nosotros tenemos que crecer y convertirnos, y en especial en este día nosotros los pastores que como Iglesia no estamos tal vez dando el mensaje que de nosotros se espera. Tal vez como botón de muestra muchos estuvieron el viernes, celebramos la jornada por las vocaciones en el seminario, acá tenemos a Lucas, uno de los seminaristas que nos acompaña, que es de nuestra comunidad. Y yo pensaba cuando yo entré al seminario, nuestra camada acá de San Isidro éramos 14 que entramos al seminario de los cuales nos ordenamos 5 de sacerdote. Hoy en 7 años del seminario creo que hay 10 seminaristas más o menos, según me contó Lucas, de San Isidro, para ver la diferencia. Entonces podríamos decir una respuesta simplista, bueno los jóvenes no se quieren comprometer, o tal vez el problema sea el testimonio que estamos dando nosotros. Creo que el problema es ese. Que nosotros como pastores no sabemos llegar a lo que la gente necesita. Y si ese mensaje no llega, a nadie le va a ser atractivo. Ni seguir esa vocación, ni ser cristiano. Entonces a lo que Jesús nos está invitando es a configurar más en el corazón con Él y animarnos a pedir perdón, convertirnos y cambiarnos.
Está cerrando el año sacerdotal y estamos teniendo mucho lugar en los diarios últimamente, lamentablemente. Y muchas de las cosas que escucho es, esta Iglesia que está atacada por los medios y muchas otras afirmaciones de este categoría. A ver, nosotros no somos inocentes en este asunto. Nosotros somos culpables en este asunto. Hemos hecho las cosas muy mal durante varios años. Entonces no es que nos están atacando por algo que no hicimos. Nosotros hicimos las cosas mal, y aunque suene mal estamos pagando aquello que no supimos hacer como pastores. La gente confiaba en nosotros y hemos perdido esa confianza porque no hemos sabido llegar de la manera que uno tiene que hacerlo. No solo por esos hechos aberrantes que algunas personas hicieron sino más grave como institución. Porque no hemos sabido denunciar lo que Jesús nos pide denunciar. No hemos sabido decir lo que Jesús nos dice. No hemos sido transparentes. Porque el pecado personal muchas veces se puede entender, todos pecamos personalmente. Obviamente que hay pecados muchos más graves que otros. Pero cuando uno como institución, que está llamada a dar testimonio no se anima a anunciar aquello que tiene que anunciar, y denunciar lo que se tiene que denunciar, eso en algún momento salta, se paga. Y eso es lo que nos está pasando ahora. Estamos viendo las consecuencias de lo que nosotros hicimos mal. Entonces lo que tenemos que aprender como Iglesia y lo que nos invita Jesús es a pedir perdón, a animar a reconciliarnos, a saber que esos no son los caminos, y a buscar las formas para que esto no suceda más. Ahora tal vez cuando uno habla de esto a uno le puede parecer un poco lejano que esperemos que ninguno de nosotros haya tenido una experiencia tan cercana a esto. Sin embargo también nosotros, o muchos de ustedes, o gente que conocemos muchas veces ha sido mal tratada por nosotros. O porque no los hemos escuchado como necesitaban, o porque no les hemos dado el lugar que como Iglesia necesitan, o porque no les hemos dado el lugar a los laicos que tienen que tener en la Iglesia. Muchas veces no hemos cuidado al rebaño de Jesús como Jesús nos invita. Y por eso ahora muchas veces como consecuencia tenemos las Iglesias vacías, la gente se aleja, la gente no sigue a Jesús de la misma manera. Creo que hoy en día lo que nos invita Jesús es a una profunda conversión, y a animarnos a cambiar. Yo pensaba, en realidad este es un mal casi desde el principio porque el día que Jesús instituye a los sacerdotes en la última cena, uno de ellos lo va a traicionar, que es Judas. De la primera camada de sacerdotes ordenados podríamos decir ya hay uno que entrega a Jesús. Sin embargo hay muchos otros que lo siguieron, aunque les costó, o aunque no encontraron el camino. Y eso es lo que Jesús nos invita. Animarnos a cambiar, purificar el corazón y salir de una manera nueva. En este caso nosotros los pastores que es de lo que estamos hablando hoy, en todo caso podríamos ver como Iglesia de qué manera más abrirnos a los otros, ir a la oveja que está perdida, a aquel que está más lejos, a aquel que nadie lo entiende ni comprende. Cómo hacer de la Iglesia una Iglesia abierta que escucha y que dialoga con todos, que sale al encuentro de les demás. Y para eso tenemos que cambiar. A ver, no es que me levanté muy pesimista hoy eh, sino que creo que Jesús nos da una gran oportunidad, que es en serio vivir la Pascua. El domingo pasado escuchamos que Pedro tendría que responderle a Jesús si lo amaba. Frente a la traición de Pedro, tal vez una de las cosas más graves que uno podría hacer, negar a Jesús, decir, ni lo conozco, lo único que le preguntó Jesús fue si lo amaba. ¿Me amas? Sí. Seguime, apacentá mis ovejas, cuidalas. Pero Pedro se animó a vivir la Pascua, a cambiar lo que tenía que cambiar y no negó más a Jesús. Es más, dio la vida por Jesús. Y esta es la oportunidad que nos da en esta Pascua a nosotros como Iglesia, a nosotros como pastores. Animarnos a descubrir qué es lo que tenemos que cambiar. Vivir la Pascua. Escuchar en el corazón esa frase, esa pregunta que nos hace a cada uno de nosotros, ¿me amas? ¿Me querés? Ahora sí seguí a mis ovejas. Bueno, pidámosle a Jesús, el único Pastor, el que nos reúne a todos en un solo pueblo, que purifique nuestros corazones, que esto nos sirva para nacer en Pascua de una manera nueva, y que purificados por esta Pascua de Jesús, ahí sí podamos seguirlo con un corazón renovado.
(Tiempo Pascual, Domingo IV, lecturas: Hch 13,14.43-52; Sl 99; Ap 7,9.14b-17; Jn 10,27-30)

martes, 15 de junio de 2010

Homilía: "'¿me amas?" (Domingo III tiempo pascual)

Si no recuerdo mal, en la cuarta temporada de Lost, no voy a decir nada trascendental para los que siguen la serie un poco atrasados, aparece un nuevo personaje, no importa cómo, en la isla, que se llama Miles. Y cuando empiezan esos flashes de su vida, como hacen siempre en la serie, comenzamos a ver que él tenía un don o un poder, como lo quieran llamar, que era que podía entrar en comunicación con los muertos. Podía saber qué les había pasado, saber qué era lo que pensaban, y en uno de esos flashes muestran que lo llama un hombre a una casa, él trabajaba en eso, trabajaba en contacto con la gente que había fallecido, y le pide que averigüe si su hijo sabía que lo quería, que el padre lo quería. Miles no entiende mucho, ¿pero por qué? No, no porque nunca le dije, siempre fui muy exigente con él. Entonces quiero saber si él sabe que yo lo quiero. Bueno Miles se concentra un rato y después le dice, si quédate tranquilo, él sabe que lo queres. Cobra por eso, y se va. Bueno, pasó un rato y muestran que al otro día, o a los días vuelve a la casa, se encuentra con este hombre y le devuelve la plata. Y el hombre le dice, ¿pero por qué me devolves esto? Porque no entré en contacto con tu hijo, responde Miles. Pero bueno, ¿pero por qué me lo decís ahora, lo hubieses dejado así?, responde el padre. Miles contesta: Mira, es muy simple. Si vos querías decirle que lo amabas se lo tendrías que haber dicho en la vida, ahora ya es tarde. El padre primero se queda como chocado, y al final le dice, pero me podrías haber mentido. A lo que Miles contesta: No, porque para mí en estas cosas no hay que mentir. Así le muestra con esa actitud, que tiene algo que ver con su historia, que él tenía que haber transmitido aquello importante que tenía en el corazón. Y que no bastaba solamente con lo que el hijo supiese o no, sino con lo que él le podía transmitir. Porque muchas veces, por diferentes razones no nos animamos a decir lo que verdaderamente sentimos, hablamos muchísimas veces y no de las cosas importantes, o porque no nos animamos a comunicar un montón de cosas de las que nos pasan, sobre todo aquellas que son necesarias. No basta a veces con que el otro lo sepa, sino con que yo me anime a transmitirlo, porque eso me ayuda a mí. Este hombre no sé si quería que su hijo lo supiera o no. Lo que quería era quedarse tranquilo con que el hijo había precedido de alguna forma o manera lo que él nunca supo transmitirle son simples palabras o con gestos. Tal vez tranquilizar su conciencia. Y creo que la mejor manera para nosotros de tranquilizar la conciencia es animarnos a ser sinceros y a ir con la verdad al otro. Y con la verdad de todo lo que nos va pasando en el corazón. Obviamente que no somos Gran Hermano donde todo se tiene que saber, hay una intimidad que hay que cuidar, y saber con quién uno la comparte. Pero la única manera de crecer es animarnos a entrar en contacto con el otro. Y animarnos a abrirle el corazón al otro. Y más aún si lo queremos, animarnos a ayudar al otro a que pueda crecer. Aun cuando el otro haya hecho cosas malas, aun cuando el otro se haya equivocado, o no sea como yo quiero o deseo. Y si nos animamos a seguir ese camino, seguramente eso es lo que nos va a ayudar a caminar de una manera nueva.
En el evangelio seguimos escuchando como Jesús se sigue apareciendo a sus discípulos. Y podríamos preguntarnos tal vez, podrían entrar en un contacto íntimo Jesús y Pedro. ¿Qué es lo que habrá pensado Pedro de él mismo cuando supo que lo último que supo Jesús de él fue que lo traicionó, que lo negó ¿qué es lo que había en el corazón de Pedro? ¿Cómo habrá quedado si no pudo hacer o mostrarle nada más? Porque en este texto en el que se vuelve a aparecer, en el que Jesús comparte es rato, vuelve a hacer el mismo gesto que es tirar las redes a la derecha para que lo reconozcan y comer con ellos, por primera vez Jesús va a entrar en contacto con Pedro, íntimo. Pedro no se animaba ni a hablar, Pedro no se animaba ni a levantar la cabeza. Sí lo seguía necesitando en el corazón. Y seguramente Pedro habrá pensado muchas cosas que él le podría decir o que Jesús le hubiese dicho el día que se encontrasen. Sin embargo seguramente nunca fue esto. No creo que alguien que nos traicione a nosotros, llevando eso a que Jesús muera, le diríamos, Juan, Pedro, María, ¿me amas? Supongo que varías cosas le vamos a decir pero ninguna de esas. ¿Qué cosas le reclamaríamos? ¿Nos animaríamos a estar con el otro, lo perdonaríamos? Sin embargo Jesús lo único que le pregunta, lo único que necesita saber, Pedro eh, no Jesús, es si lo ama. ¿Pedro me amas? Jesús ya se apareció a Pedro, sin embargo Pedro no salió a predicarlo todavía. Y seguramente si no se da este diálogo, Pedro no pueda ser testigo de Jesús, porque hay algo que necesita ser sanado, hay algo que necesita ser curado. Hay una herida que tiene que cerrar, que es la herida que tiene Pedro. Jesús sabe que Pedro lo ama, pero Pedro necesita escucharlo, necesita decirlo. Aun cuando eso le cueste. Tiene que hacer ese camino. A ver, Pedro ya había sido perdonado por Jesús, no es un problema de perdonar. En la cruz ya Jesús los había perdonado, los había perdonado a todos. Sin embargo, para que esa reconciliación se pudiera dar, necesitaba escuchar esto. Y podríamos hacer como una diferencia, una cosa es perdonar al otro, a veces perdonamos, aun sin decirlo. Otra cosa es reconciliarse. Es decir, que las cosas vuelvan a ser como antes. Y para eso, necesito ponerme en diálogo con el otro. Cuántas veces nos pasa que no decimos nada, el otro me hace algo, o yo le hago algo, o los dos nos hacemos algo o lo que fuese, y después seguimos como si nada. No hablamos, pero estamos como enojados en el corazón. En la primera frase, tal vez puso el cuchillo al revés, no sé, cualquier cosa, lo criticamos, nos quejamos, porque no terminamos de reconciliarnos en el corazón. Tal vez lo perdoné, no sé, no sé si lo perdoné o no, pero si no me animo a hacer todo el camino, no puedo sanar ese vínculo. Y para eso tengo que sentirme dolido si hice algo, el otro se tiene que sentir dolido si fue herido o no, y tenemos que animarnos a hablar. Ahora, para hablar y para cerrar eso, no basta solamente con poner un límite. Pedro es consciente de lo que hizo. Es consciente que obró muy mal. Ahora lo único que lo puede rescatar a Pedro, es descubrir que hay algo más profundo que esa traición. Tiene que escucharse decir que su amor es mucho más fuerte de lo que no pudo obrar y vivir. Y a partir de ahí va a poder caminar de una manera nueva. Tal vez nosotros mil veces tenemos conflictos, problemas con los otros, no nos entendemos, no nos escuchamos, estamos enojados, pero la única manera de cerrar eso, es encontrar algo mucho más profundo que lo sustente. Porque si me quedo solamente a mitad de camino con lo que hice mal, o con poner el límite, ¿cómo crezco? Si no voy a lo profundo, que es el amor, ¿cómo salgo de ese pozo? ¿Cómo empiezo a caminar de nuevo? Bueno Jesús tenía muchas cosas, le podría haber dicho muchas cosas a Pedro, sin embargo le dice la única que él necesita, ¿me amas? Tres veces, como lo negó. Tres veces. Bueno ahora sí, seguime. Y Pedro lo va a seguir. Es más, Pedro va a dar la vida por Jesús, cuando se anime a sanar el corazón, cuando se anime a reconciliarse. Bueno Jesús también a nosotros nos busca lo bueno que tenemos en el corazón, para que profundizando en eso nos animemos a sanar. A sanar lo que tenemos que sanar, a curar lo que tenemos que curar. Y ahí nos pregunta a nosotros lo mismo que le preguntó a Pedro. María, Juan, ¿me amas? ¿Me quieres? Pedro aun triste le dijo, Señor, tú lo sabes todo. Bueno Jesús sabe lo que hay en nuestro corazón, pero los que lo necesitamos descubrir somos nosotros. Los que necesitamos crecer y cerrar heridas muchas veces, somos nosotros. Y para eso podemos ayudarnos, para eso podemos dejarnos ayudar por Jesús. Entonces abramos el corazón en esta Pascua, escuchemos esta pregunta de Jesús. Dejémosla resonar esta semana y respondámosle a Jesús si lo amamos, si lo queremos, si queremos seguirlo.
(Tiempo Pascual, Domingo III, lecturas: Hch 5,27-32.40b-41; Sl 29, Ap 5,11-14; Jn 21,1-19)

Nota: "Pascua, tiempo de libertad y vida"

La palabra “Pascua” (páscae (en latín), πάσχα (en griego) o פסח [pésaj] (en hebreo)) designa la máxima celebración tanto judía como cristiana y significa literalmente “paso”.
Para los judíos es la conmemoración del éxodo de los Israelitas en Egipto. El pueblo de Israel huye de Egipto atravesando el Mar Rojo, guiados por Moisés para caminar durante 40 años por el desierto y llegar a la tierra prometida. Aún hoy se celebra esta fiesta como paso de la esclavitud a la libertad.
Jesús mismo durante toda su vida y en la última cena celebraba esta fiesta cuando fue apresado y luego juzgado a morir en la cruz. A partir de ese momento, nosotros, los cristianos, celebramos la Pascua como el "paso" de Jesús de la muerte a la vida, celebramos su resurrección. El Señor es nuestra nueva Pascua.
Es decir, celebrar la Pascua significa celebrar un paso de Dios por nuestras vidas, que nos hace más libres, que nos da nueva vida. Pero Jesús no quiere que quede sólo en una celebración sino que haya pascua en nosotros, en nuestra Iglesia, en nuestras comunidades, en nuestra sociedad, en nuestras familias y en cada uno de nosotros. Pero para esto tenemos que animarnos también a pasar, a vivir la pascua, como el paso de lo que nos esclaviza a lo que nos hace más libres, de lo que son signos de muerte a signos de vida. Por eso me detuve a pensar y soñar cuales son algunos de los pasos que me gustaría que nazcan como frutos de la pascua que estamoso celebrando. Acá les dejo algunos de esos sueños y los invito a ustedes a pensar y poner en oración aquellos que les parezcan importantes.

En la Iglesia:

• Sueño con una Iglesia cada día más cercana a las situaciones y preguntas que vive el hombre y la mujer en el tiempo actual. Qué ese sea nuestro punto de partida para el diálogo evangelizador.

• Con una Iglesia más acogedora y servicial entregando la riqueza que Jesús nos dejó de su evangelio. Me duele y me cuestiona cuando hablando con alguien veo que está marcado por una imagen o experiencia de una iglesia apegada al dinero o al poder, que no puede vivir con libertad el evangelio.

• Con una Iglesia con capacidad de diálogo y de sostener el disenso en la comunión. Me llama la atención como a veces se puede hablar y disentir mejor con gente que no participa que con determinados grupos dentro de la iglesia.

• Con una Iglesia cada día más solidaria y entregada a los que son más necesitados. Me alegra ver la cantidad de ONG que aparecen, como un techo para mi país, dedicadas a los más pobres. Que sean ejemplo y aliento para nosotros

En nuestra comunidad

• Sueño con una comunidad donde sepamos acompañar y hacer lugar a las familias en todas las realidades que hoy les toca vivir.

• Con una comunidad donde los jóvenes de todas las edades puedan crecer con confianza en el seguimiento de Jesús.

• Con una comunidad donde crezca la comunicación entre todos, aprendiendo a escucharnos mutuamente.

• Con una comunidad que dé siempre testimonio de comunión y acogida, saliendo al encuentro con gestos cálidos, simples y fraternos.

• Con una comunidad que se preocupe especialmente por el cuidado de las personas, especialmente las que están más desprotegidas.

• Con una comunidad que sepa acompañar el crecimiento de la fe de cada uno de sus miembros, facilitando los procesos para que cada uno pueda encontrarse verdaderamente con Jesús.

• Con una comunidad que vea a Jesús en los que están solos, pasan hambre, están presos, enfermos y salga al encuentro de ellos.

En nuestra sociedad

• Sueño con un país donde las elecciones sean verdaderas contiendas para medir la fuerza de las ideas y nunca la idea de las fuerzas. Donde los candidatos cruzan ideas en debates y no buscan cruzarse ellos mismos en pleitos.
• Con un país donde el que quiera trabajar encuentre trabajo, donde todos tengan un trabajo y salario digno, donde se califique al trabajador por lo que sabe y no por de donde viene o quién es.
• Con un país donde se priorice la educación, con escuelas del siglo XXI, chicos y chicas educándose y no en la calle y familias comprometidas en la educación de sus hijos/as.
• Con un país donde la justicia es libre e independiente, que no ponga intereses por encima de encontrar la verdad y descubrir lo que es justo.
• Con un país que lucha por incluir y no excluir, por privilegiar a los que menos tienen y no a pequeños grupos, por crecer en el bien común y no en pelearse unos con los otros.
• Con un país donde siga siendo mi hermano quien piensa diferente, donde aprendamos a dialogar y a dirimir nuestras diferencias con abrazos buscando lo mejor para todos.
• Con un país donde las familias vuelven a ser el centro de la sociedad, donde se promueven sus proyectos y se defiende su dignidad.
En nuestras familias
• Sueño con familias donde sepamos escucharnos y comprendernos, donde el diálogo sea el medio para solucionar nuestros problemas.
• Con familias donde tengamos tiempo para pasar juntos, donde los padres vuelven a poder encontrarse con los hijos y pasar tiempo con ellos, donde la familia sea el centro de la vida de cada uno de sus miembros.
• Con familias donde el amor se vive, se cultiva, se muestra y se expresa de una manera práctica día a día, con gestos cotidianos.
• Con familias donde reine el perdón y la sanación de los vínculos, donde se siembre paz y alegría.

Seguramente algunos de estos sueños parecen pasos imposibles de alcanzar, pero creo que lo mismo pensaron los discípulos cuando murió Jesús: “esto es imposible, esto ya no se puede”. Pero cuando lo vieron resucitado se animaron a luchar por algo distinto. A que algo pase en sus vidas y en la vida de los demás, porque eso es la Pascua.
Ahora es tiempo de que nosotros vivamos la Pascua de Jesús, anunciándolo y comprometiéndonos con nuestra realidad, dejando que Jesús pase por nuestras vidas, por nuestras realidades, por nuestros sueños y los transforme.

Nota: "La Buena Noticia de Jesús"

Poco después de comenzar su predicación encontramos esta frase de Jesús en el evangelio de Lucas: "También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado"(4, 43). Es decir, Jesús no se queda instalado en un mismo lugar o contento porque algunos lo escucharon y adhirieron a su palabra; sino que siempre está buscando algo más. ¿Qué es lo que está buscando? Más lugares donde predicar su Buena Noticia. Jesús descubre que hay muchas personas que están tristes, dolidas, desesperanzadas, y que necesitan buenas noticias. Y por eso parte, deseando encontrarse con nosotros para traernos paz, alegría, para sanar nuestro corazón.
Encontrarse con Jesús aporta un horizonte diferente a la vida, una dimensión más profunda, una verdad más esencial. Y cuando esto sucede nuestra vida cobra un sentido diferente. Aprendo a mirar de otra manera. Muchas veces pensamos como puedo hacer para encontrarme con él. Y sin embargo hay muchas formas sencillas de vivir esto. Con Jesús nos empezamos a encontrar cuando comenzamos a confiar en Dios como confiaba él, cuando creemos en el amor como creía él, cuando nos acercamos a los que sufren como él se acercaba, cuando defendemos la vida como él, cuando miramos a las personas como él las miraba, cuando nos enfrentamos a la vida y a la muerte con la esperanza con que él se enfrentó, cuando contagiamos la Buena Noticia que él contagiaba.
Hoy, quiero detenerme y referirme a esto último predicar la Buena Noticia. A veces parece que sólo se predica la Buena Noticia de Jesús cuando se habla explícitamente de él, sin embargo la misma palabra nos dice algo más. La Buena Noticia de Jesús fue traernos un nuevo mensaje de Dios, un nuevo rostro suyo. Y eso se explicitó en su forma de mirar, escuchar, sanar, perdonar, ayudar, etc. Gestos y signos de los más cotidianos pero que nos muestran un corazón que quiere vivir el evangelio. Nosotros somos portadores de esa buena noticia, y la hacemos carne cuando nos animamos a perdonar, cuando ayudamos a aquellos que lo necesitan, cuando escuchamos a quienes están solos, cuando miramos con cariño a los que Jesús pone a nuestro lado, cuando le sacamos al otro una sonrisa, cuando nos animamos a compartir las cosas buenas que nos pasan.
Jesús es nuestra Buena Noticia, porque al dar la vida y resucitar nos dio más vida. Nosotros nos convertimos en parte de esa buena noticia, cuando creyendo en él y por él, damos vida a los demás. Alegrémonos por esta Buena Noticia que Jesús nos trae y seamos testigos de ella.

Homilía: "Jesús Resucitó" (Domingo de Pascua)

Para los que nos gustan las películas de acción, llega un momento que es como el clímax de la película en la cual el héroe, el protagonista está casi rodeado que no tiene más chances, que no se sabe cómo va a poder escapar de esa situación, todos lo darían por muerto, y ahí es como que empieza, a los que nos gustan estas películas, como la parte más linda, es decir, como la parte de acción donde hace cosas que justamente a los que no les gustan dicen, esto no puede ser, esto es un bolazo, o lo que fuese. Y tal vez para poner un ejemplo bastante arquetípico o bastante límite de esto en el segundo volumen en la segunda parte de la película Kill Bill. Uma Thurman que hace de Beatrix, la novia. La atraparon, la meten en un ataúd, la meten bajo tierra, y ya esta casi muerta, y parece que se acabó todo ahí. Empezó la segunda parte de la película y ya parece que todo se acabó. Pero como toda película de acción ella se las rebusca para salir de ahí, y después de salir de ahí, ¿qué es lo que hace? Como toda película, va y mata a uno por uno a todos los que hicieron esto. Lo que hace es vengarse de todos aquellos que le hicieron un mal. ¿Cómo? Quitándoles la vida, pagándoles con la misma moneda de lo que iban a hacer con ella. En estos días hemos llegado nosotros también al clímax de nuestra vida cristiana, al momento culmine. Acabamos de vivir la Pascua, la celebración más importante que tenemos los cristianos, haciendo memoria, haciendo presente esa Pascua de Jesús hace casi 2000 años. En la cual Jesús también llega también a un momento difícil en el cual lo encarcelan, lo flagelan, lo llevan a su Pasión, lo crucifican y lo matan. No es que el héroe se escapa como en estas películas. Pero sí tiene un buen final como es en esos casos, porque el Padre lo resucita. El Padre le vuelve a dar nueva vida. Y podríamos decir bueno, ¿cómo continúa esto? ¿Qué es lo que hace Jesús a partir de eso? Y Jesús lo que hace es lo mismo que hacía antes, pasar por todo ese momento difícil duro, de Pasión y de muerte, no lo cambia a Jesús. O mejor dicho, más que cambiarlo, lo potencia. Porque a partir de su Resurrección Jesús nos vuelve a dar lo mismo pero mucho más grande. Ahora nos perdona como perdonaba antes, pero ahora a todos. Ahora nos ama como nos amaba antes, pero lo puede mostrar a todos de una manera especial. Ahora nos muestra la misericordia del Padre como nos mostraba antes, pero también lo puede mostrar de una manera especial. Jesús potencia todo lo que hacía, y la Pasión y la cruz de Jesús re afirma en el corazón lo que Él venía viviendo. Más que lo cambia, sino que podríamos decir, lo hace mejor. Pasar por un momento difícil lo hace salir de una manera nueva, más grande. Y también nosotros pasamos durante la vida muchas veces momentos duros, momentos difíciles. Podríamos decir que nuestra vida de alguna manera tiene algunos Viernes Santos, momentos de Pasión. Ahora la pregunta es, ¿qué hacemos cuando nos pasan esos momentos difíciles? En la relación con los demás, en el vínculo con los demás, en las cosas que hacemos, ¿nos animamos a crecer a partir de eso, o cambiamos? ¿Nos frustramos y pasamos a ser otra persona, o intentamos crecer y mejorar en aquello que veníamos viviendo? Porque es verdad, muchas veces nos toca pasar momentos duros, momentos de Pascua, pero la Pascua significa que algo resucita, significa que algo nace nuevo, de una nueva manera, y eso es lo que nos invita Jesús. Después de pasar ese momento, esa transición, que salgamos de una manera renovada. Y esa transición es tal vez lo que pasa en este evangelio que acabamos de escuchar. Esta mujer va al sepulcro, lo encuentra, no entiende qué pasa, va a preguntarle a los que suponen que saben. Mucho no le creen, pero Pedro y el discípulo amado algo intuyen y corren. Van hasta el sepulcro, el discípulo amado llega primero, se ve que lo respetaba mucho a Pedro, lo espera, pasa primero Pedro y encuentra lo mismo que encontró esta mujer. El sepulcro vacío. No sabemos qué es lo que pasó con Pedro y con Juan, el discípulo amado. Porque si bien dicen que creyó, termina medio raro el evangelio porque dice, todavía no habían entendido que según las escrituras tenía que resucitar. Tenían que hacer camino en el corazón. Tenían que entender qué era lo que estaban buscando. ¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? Esa es la gran pregunta. El viernes escuchábamos en la Pasión como Jesús les decía, ¿qué buscan, a quién buscan? ¿qué era lo que buscaban en Él? Ahora es ¿por qué lo buscan? Porque aún después de que dio la vida lo siguen buscando, ¿qué es lo que Jesús les trajo, qué es lo nuevo que trajo que aún después de la muerte siguen intentando encontrarse con Él. Bueno nosotros sabemos el final por eso estamos acá reunidos, sabemos que Jesús resucitó. Vivió su Pascua. Pero ahora los que tenían que vivir su Pascua eran los discípulos. Tienen que hacer lo mismo que Jesús que era, reafirmar lo bueno que tenían. Pedro quería dar la vida por Jesús, había dicho yo daré la vida por ti. Estos días escuchamos que Pedro lo negó a Jesús. Después de la Pascua no le pide que cambie Jesús, le pide que de la vida por Él, pero viviendo los valores de Jesús. Eso es lo nuevo. Vivir a la manera que Pedro amaba. No ya a su manera, sino a la manera que el otro le mostraba. Cada uno de los discípulos hizo eso. Y entonces a lo que se nos invita a nosotros a hacer en esta Pascua. Como hablábamos en estos días la Pascua significa “paso”, Jesús fue el paso de la muerte a la vida. Pero no quiere que quede una Pascua lejana en un paso alejado, sino que quiere que también haya pascua en nuestras vidas. Que algo resucite en nosotros. Porque si no lo vivimos como un acontecimiento histórico que pasó. Y la pregunta es, ¿cuáles son los signos de resurrección para nosotros hoy? ¿qué es lo nuevo que tenemos para llevar a los demás?¿qué es lo que podemos descubrir que pasa en nuestras vidas para alegrarnos, para vivir de una manera nueva? Cuando Jesús resucitó, y aún estuvo con ellos, con los discípulos, los discípulos tenían miedo, lo que vamos a escuchar en estos días. Hasta que en un momento se animaron a salir a predicar. Pero no porque cambiaron los judíos, no es que los judíos cambiaron y como antes los perseguían ahora dicen bueno ahora no los perseguimos más. No los seguían persiguiendo, el ambiente seguía siendo hostil. Los que cambiaron fueron los discípulos, tocados por Jesús pasaron a vivir de una manera nueva, que era anunciarlo. ¿Por qué? Porque tenían la certeza de que Jesús resucitó. Tal vez nosotros tenemos que empezar a descubrir hoy cuáles son los signos de esa resurrección en medio nuestro. En los que tenemos cerca, en nuestra vida, las cosas que cambian, las cosas buenas que Dios nos da, los gestos que pone la gente con nosotros, las cosas que podemos ser agradecidos. Muchas veces cuando nos toca vivir tiempos como el que ahora vivimos que son duros en nuestro país, que muchas veces las cosas no salen, que sentimos según cuán grande sea cada uno de nosotros que 1, 2, 5, 18 veces lo hemos tenido que intentar de nuevo, nos preguntamos si vale la pena. Bueno, esa pregunta habría que hacérsela a Jesús hoy. ¿Vale la pena? ¿Algo resucita en nosotros? Porque no sé si va a cambiar, pero Jesús no nos promete eso, Jesús nos dice que nos va a traer algo nuevo, y lo que nos dice es que es lo anunciemos. Seguramente no nos va a pasar como a los discípulos que los perseguían para matarlos. Pero tal vez nos cueste en un mundo donde muchas veces se vive un pesimismo, transmitir una alegría y una esperanza distinta. Y tal vez esto es lo que nos pide Jesús en la Pascua. Que nos animemos a anunciar como cristianos algo distinto. Porque si no anunciamos algo distinto, la pregunta es ¿qué es lo que vivimos en la Pascua? La pegunta es, si nos encontramos con Jesús en ésta Pascua. Si descubrimos a aquel que se entregó por nosotros. Por mí. Y si tenemos ganas de anunciarlo, de gritarlo, de decírselo a los demás. Si hemos podido contemplar y vivir esos acontecimientos. Jesús resucita para que conozcamos a Dios y lo conozcamos a Él de una manera nueva. Para que lo descubramos y que eso cambie nuestro corazón. Hoy Jesús quiere pasar por nuestras vidas, quiere pasar por nuestros corazones, quiere traer algo nuevo para que encontrándonos con Él de una manera nueva, descubramos a aquel que resucitó. Y descubriendo a aquel que resucitó, nos lancemos al mundo, nos animemos a anunciarlo, tengamos algo distinto para vivir y para llevar a los demás. En estos días vamos a escuchar que muchos lo vivieron, lo anunciaron. Pedro en la primera lectura, Pablo en la segunda, hoy nos toca a nosotros. A cada uno. A los que vivimos la Pascua. Pidámosle a Jesús, a aquel que se entregó por nosotros, a aquel que nos trajo una vida nueva que nosotros la podamos descubrir y que descubriéndola la podamos llevar a los demás.
(Domingo de Pascua, lecturas: Hch 10,34ª.37-43; Sl 117; Col 3,1-4; Jn 20,1-9)

Homilía: "Padre perdónalos porque no saben lo que hacen" (Domingo de Ramos)

Como la misa de hoy es un poquito larga me voy a detener solamente en dos frases de la pasión que acabamos de escuchar. La primera no la escuchamos estrictamente porque leímos una parte breve de la pasión pero todos la conocemos que es la que Jesús dice en Getsemaní: “Padre si quieres que pase de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya”. Es decir, Jesús ha descubierto que el camino es el camino que lo lleva a la cruz, está ahí en Getsemaní rezando en ese encuentro con el Padre que tiene antes de llegar a la cruz pero descubre que le cuesta, que no le es fácil aquello que tiene que hacer, que tener que sufrir de esa manera, que tener que dar la vida, tener que pasar por la pasión no es algo, podríamos decir, que le cause gracia. Sino algo que cuesta desde lo más profundo. Y por eso le pide al Padre que si es posible que pase eso. Que no se haga. Y pensaba cómo a nosotros muchas veces nos pasa que nos cuesta hacer un montón de cosas, aun las que a veces tenemos que hacer. Cuántas cosas de las que hacemos diarias en las cuales nos tenemos que entregar mucho, en las cuales es muy arduo, en las cuales se hace muy complejo, nos cuesta. Y cuantas otras que no llegamos a hacer son también por lo que cuesta. Ahora, hay que aprender a distinguir que una cosa nos cueste, y que una cosa este mal o que sea un pecado. Que a nosotros nos cueste hacer ciertas cosas significa lo difícil que es hacerla, lo arduo que es llevarlo adelante, o lo que nos cuesta a nosotros. Y que justamente para poder hacerla tenemos que poner toda nuestra voluntad. Podríamos decir que aun más mérito tiene, porque no estamos haciendo lo que nos sale fácil, sino aquello que implica nuestro empeño, implica nuestra voluntad. A veces me pasa a mi cuando veo mi propia vida o cuando alguno, sobre todo los más jóvenes viene a charlar, con cosas a veces hasta simples, “no, porque esta materia, no la quiero estudiar porque no me gusta nada”. Y bueno, justamente es la que más voluntad le tengo que poner, si me gusta la estudio, o más o menos, no sé. De esa a cosas aún más difíciles, cuantos más complejo o distanciado de lo que yo quiero o de lo que tengo ganas está, más me cuesta. Y ahí donde más tengo que hacer un esfuerzo y más poner la voluntad. Ahora Jesús no lo va a esquivar, sino que va a decir, Padre si esto es lo que tú quieres, yo lo hago. Yo hago tu voluntad. Y El descubre en el corazón qué es lo que el Padre le está pidiendo y va a dar la vida. Pero va a dar la vida por un bien mayor. El descubre que quiere darnos vida a todos, y por eso puede llevar adelante aquello que le cuesta. Ahora, si nosotros no encontramos ese bien mayor, aquello que llena nuestro corazón y por lo cual queremos dar la vida o entregarnos en aquello que nos cuesta rápidamente lo vamos a perder. O no le vamos a encontrar el sentido. El poder llevarlo arduo a la vida justamente es, cuando uno le encuentra un sentido a esto. En segundo lugar, que Jesús no quiere sufrir. A ver, creo que nadie quiere sufrir, o cuando estamos normalmente no queremos sufrir. Entonces si hay algo que Dios no quiere para nosotros justamente es el sufrimiento. Alguna vez hemos charlado esto y da para mucho más largo y es parte de un misterio de cosas que no terminamos de entender ni de comprender. Pero si hay algo que nos muestra Dios en Jesús es que Él quiere la vida para nosotros, de que Él quiere algo más grande. Y que aún en Jesús pidiéndole que de la vida, va a luchar para que nosotros tengamos más vida.
La segunda frase es esta que leímos recién que dice “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”. Y es muy curiosa esta frase porque si hay alguien que está sufriendo en ese momento es Jesús. Si hay alguien que la está pasando mal es Jesús. Si hay alguien que tal vez tendría que ponerse en primera persona y decir bueno, ¿qué hago con estas personas? ¿las perdono o no? Las perdono, las condeno, ¿qué es lo que hago? Porque hasta ahora lo hemos visto a Jesús actuar. El domingo pasado, frente al texto de la mujer adúltera Jesús decía, yo no te condeno. Yo te curo, yo hago tal cosa, yo pongo tal signo. Aún peor acá, en el momento tal vez más complicado de Jesús cuando estaban todavía, Él parece como si no hiciera nada. Él que es la víctima, como les decía, el que la está pasando mal, no es el que dice yo los perdono o yo los condeno. Sino que cumple la función que vino a hacer. El vino en su vida a unir a los hombres con Dios. Y no es cuestión de Él decidir si lo que están haciendo los hombres está bien o no. Y por eso le dice al Padre que nos perdone. El que tiene que decidir qué actitud toma es el Padre, no es Jesús. El que va a decidir qué hace con nosotros, es el Padre. Jesús le pide algo en esa oración. No es que no toma partido, dice bueno, perdónalos. De la voluntad de Jesús sale que el Padre los perdone, pero el que va a tener que decidir es Jesús. Y yo creo que Jesús cuando estaba en la cruz, rezó en serio. Esa frase “Padre perdónalos” lo dijo en serio. Porque a veces tenemos la ilusión de que perdonar es fácil, que perdonar no nos cuesta nada a ninguno de nosotros. Ahora, no sé a quién no le cuesta perdonar. Perdonar no cuesta cuando la cosa es simple, cuando la cosa es muy fácil. O cuando disfrazamos el perdón. Cuando le ponemos máscaras, como sintiéndonos superiores al otro, bueno yo que soy superior a vos te perdono porque te demuestro que yo tengo el poder. Pero no estoy en el fondo dolido por eso. O cuando perdonamos al otro aún sin decirle nada, sin que pase nada, sin que el otro este dolido por lo que hizo, por el mal que hizo. Y tampoco dejamos hacer el proceso. Ahora, perdonar no es fácil. Creo que todos tenemos experiencia de veces que nos ha costado perdonar o de cosas que aún hoy no podemos perdonar. ¿Por qué? Porque es difícil. Porque es duro. Porque implica un montón de cosas. Porque para que el perdón pueda ser verdadero y para que el vínculo se pueda sanar implica que en primer lugar que la persona que hizo algo mal este dolida por eso. Después que pida perdón por lo que ha hecho y después que el otro que fue herido, reconociendo esa herida, acepte el perdón del otro. Y recién ahí, cuando las dos personas aceptamos lo que hicimos ahí eso se puede sanar. Ahí viene algo distinto. Ahí comienza de nuevo. Seguramente al Padre no le diera lo mismo que entreguemos a Jesús o no. Y por eso Él va a tener que decidir. Bueno nosotros sabemos el final de la historia y sabemos que el Padre nos perdonó. Nos perdonó en Jesús. Y por eso lo resucitó. La resurrección es el signo de que Jesús, que en Jesús el Padre nos perdona. Que nos regala su amor y su misericordia. Y que todo comienza de nuevo. Y la segunda parte de la frase es la que nos refiere a nosotros, “porque no saben lo que hacen”. A ver, sabían lo que estaban haciendo en ese sentido que lo estaban crucificando, todos se dieron cuenta, que lo estaban entregando, que lo estaban crucificando, pero no se daban cuenta a quién estaban crucificando. En lo profundo no se dan cuenta de qué era lo que estaban haciendo. De quién era Jesús, de quién lo había enviado y de lo que significaba llevarlo a la cruz. Y esto también nos pasa muchas veces a nosotros. Cuántas veces nosotros decimos, uh si yo hubiese sabido, no hubiera dicho esto, no hubiera hecho este gesto, no hubiera actuado de esta manera, porque no nos damos cuenta. Tal vez tendríamos que pensar más las cosas a veces, pero no nos damos cuenta de lo que nuestras palabras o nuestros gestos pueden causar en el otro. Y cuando vemos el dolor que causamos en el otro decimos, uh pero yo no quería esto. Bueno de una manera parecida es lo que pasa con los hombres que llevan a Jesús a la cruz. Aun siendo esto mucho más grande no se dan cuenta de lo que está haciendo. Por eso este signo de Jesús es un Dios que toma la iniciativa en nosotros. Jesús se pone de intermediario entre el Padre y nosotros. ¿Para qué? Para que todo empiece de nuevo. Pero tomando Él la iniciativa. Supongo que se acuerdan lo que les decía el domingo pasado, de que en el texto de la adúltera, la adúltera no está arrepentida, pero Jesús la perdona. Y tampoco dice que va a cambiar después de lo que hizo. Bueno el gesto más grande de que Jesús toma la iniciativa y perdona antes de que nosotros hagamos algo es la cruz. ¿Quién estaba arrepentido de haber llevado a Jesús a la cruz? Sin embargo decide Jesús ir a la cruz y decide el Padre perdonarlos. ¿Para que qué? Para que a partir de ese perdón la vida de todos los hombres y mujeres cambie. El signo más grande de que Dios toma siempre la iniciativa es que en la cruz Dios nos perdonó a todos. Y que a partir de ese regalo que es que todos estamos perdonados, nosotros podamos caminar de nuevo. Solamente tenemos que abrirle el corazón. Solamente tenemos que aceptar ese regalo que Dios nos hace día a día y comenzar a caminar de nuevo. Bueno hoy comenzamos esta semana santa, hoy entramos con Jesús a Jerusalén porque queremos caminar con El. Hemos escuchado muchos personajes en esta pasión, bueno pensemos de qué manera queremos vivir esta semana santa. A veces nos pasa que la cuaresma pasa como de lado, ¿no?, uh, llegó semana santa. Bueno en tres días tenemos el trigo, tenemos la vigilia pascual, tenemos la pascua. Pensemos de qué manera la queremos vivir. Pensemos cómo queremos caminar con Jesús en esta pascua. Pensemos de qué manera queremos estar al lado de Él en estos días, y pidámosle a Jesús que así como entro en Jerusalén para entregarse, para abrir las puertas y para entrar en la vida de esas personas, también en esta semana abra las puertas de nuestros corazones y entre en nuestras vidas.
(Domingo de Ramos, lecturas: Is 50,4-7; Sl 21; Fil 2,6-77; Lc 22, 14)

Homilía: "Yo tampoco te condeno" (Domingo V de Cuaresma)

En el 2008 se llevó al cine el libro “El lector” un libro bastante famoso, una película por la que Kate Winslet ganó el Oscar a la mejor actriz, que muestra un poco la vida en Alemania pos nazi y un poco lo que tiene que ver con los juicios después de lo que fue el holocausto. Y en un momento muestran a un grupo de estudiantes, entre los que estaba Michel, uno de los protagonistas que estudiaba abogacía, haciendo un seminario especial con un profesor que los lleva a uno de los juicios donde se enjuiciaba a 5 mujeres que habían estado en Auswitch haciendo de cuidadoras o de carceleras. Y este hombre después de que vino la primera audiencia les dice a aquellos que estaban con él en el curso: “hemos presenciado este juicio, ¿qué les parece?” Y comienza diciéndoles, lo que pasa es que la sociedades creen que se rigen por lo que llaman “moralidad”. Cuando en realidad se rigen por lo que llaman “legalidad”, es decir, por las leyes. Y lo que se está viendo en el juicio es, no si estas mujeres hicieron algo bien o mal, sino si era legal lo que hicieron. Y no legal para nosotros o para lo que nosotros creemos o para lo que hoy es legal, sino con las leyes de su tiempo, si estaban dentro del marco o no. Para que ustedes se den una idea, les dice, hasta hoy han sido enjuiciadas 19 personas de las cuales solo 6 fueron acusadas de homicidio. Y en Auswich trabajaron 8000 personas. Siguió hablando un poquito, y uno de los alumnos se enoja y le dice, no, no puede ser esto porque entonces la ley es limitada. Y el profesor le dice, si, justamente, la ley es limitada. Bueno este chico se enoja más aún y toma una de las posturas que alguno puede tener, esperemos que solamente cuando es un poco más joven, y dice, no yo lo que haría es agarrarlas a todas, matarlas a todas como alguna vez hemos escuchado. Pero lo que descubre este chico que empieza estudiando leyes con ese ideal con ese deseo es que la ley no resuelve todo lo que él cree o quiere que se resuelva o no de la manera que él quiere. Y lo mismo nos sucede a nosotros como sociedad. Por poner un ejemplo nomás, ¿la ley resuelve todos los problemas? A veces pensamos idealistamente, no lo que pasa es que solamente tenemos un problema de justicia que hay, y grave, un problema de violencia. Pero la ley es la que va a resolver los problemas que tenemos. Hace poco leía un estudio en el cual se leía que en América latina está la tasa más alta histórica de gente en la cárcel, y muchas veces creemos que solamente con seguir metiendo gente en las cárceles, hacer más cárceles y levantar más paredes vamos a tener soluciones, cuando lejos estamos de eso. Creo que todos hemos descubierto que si queremos crecer como país, si queremos cambiar las cosas tenemos que ir a las causas, no a las consecuencias. A un país más justo, a un país menos corrupto, a un país donde todos luchemos por el bien común, a un país donde haya una mejor educación, donde nos preocupemos los unos por los otros cada vez más. Pero con este simple ejemplo nos muestra que la ley no basta. O en nuestras propias familias, basta con poner una ley y decir que esto va, que esto no va, ¿y eso arregla las cosas en la casa? ¿eso arregla los problemas? Porque la ley sin querer nos va metiendo como en un callejón sin salida. Y esto es también lo que le sucedió al pueblo judío. Los judíos que buscaban acercarse a Dios y querer vivir la santidad, como les dije el domingo pasado, lo que buscaban es poder vivir la ley. Y para ellos lo que los acercaba a Dios era ser cada vez más perfecto en el cumplimiento de la ley, entonces buscaban cumplir con todo y con cada uno de los preceptos, por eso llegaron a tener más de 600. ¿Qué es lo que tengo que hacer? ¿Para qué? Para acercarme a Dios. Sin embargo eso los ponía en un callejón sin salida porque en un momento fracasaban. Como dice Pablo, yo fariseo intachable de la escuela más exigente de todas que es la de Gamaliel, no podía vivir esto. Y quedaba encerrado, porque la ley no tenía el poder para salvarme, no tenía el poder para poder quitarme de esto. Y aún en la religión descubría que eso lo iba limitando, encerrando cada vez más. Casi una imagen de esta mujer. Esta mujer, dicen, se la trajo a donde estaba Jesús y quedó en medio de todos. La misma imagen encerrada por la ley, por aquello que no había cumplido ni vivido. Y ahí trayéndola para poner a prueba a Jesús, no dice el evangelio, le preguntan a Jesús, a esta mujer la hemos encontrado cometiendo un adulterio, ¿qué es lo que tenemos que hacer? O mejor dicho, ¿qué dices tú? Y casi como que cambia el foco porque la que está acusada es la mujer, pero que busca que le responda es Jesús. Al que quiere sacarse del medio es a Jesús. No les importa lo que hizo la mujer. Y por eso le ponen este caso como le han puesto otros. Gracias a Dios Jesús murió por otras cosas, no porque le pusieran problemas en el camino. Y los problemas son que si Jesús, que ya se ve que ha enseñado mucho la misericordia, el perdón, y se dan cuenta qué está haciéndole a esta mujer queda en un compromiso, les dice que no hay que matarla, le van a decir que va en contra de la ley. Si les dice El que hay que matarla van a decir, justamente, dónde está la misericordia y el perdón del que El habla. Pero aún podemos dar un paso más. Porque en realidad, los judíos no podían hacer nada ahí. No sé si saben pero una de las cosas que el imperio romano le había quitado al judaísmo era que no podían condenar a muerte a nadie. El derecho a la vida era de los romanos. Por eso a Jesús lo llevan frente a Poncio Pilatos. ¿Por qué me lo traen? Porque nosotros no podemos condenar a nadie a muerte. Y Jesús ahí también está en un compromiso porque si Jesús dice “si hay que matarla”, le van a decir a vos estas del lado de los romanos, y si Jesús dice que no, que no hay que matarla, le van a decir, entonces vos no queres cumplir ni la ley ni lo que nosotros creemos. Pero Jesús sale del planteo, porque Jesús quiere traer algo nuevo, quiere traer algo distinto, y quiere que vivamos algo distinto. Y así como al hijo menor y al hijo mayor de la parábola los pone frente al padre para que descubran algo nuevo, a ellos también los tiene que poner frente a su propia vida. Ellos son los que tienen que descubrir qué es lo que viven. Que el que no tenga pecado, que tire la primera piedra, les dice Jesús. Dice el evangelio que empezando por los más grandes se empezaron a retirar. Yo no sé si era porque eran más sabios, si era porque tenían más pecados, o porque eran más grandes. No sé cuál es la razón. La razón es que cuando Jesús los puso frente a su propia vida descubrieron que ellos no eran perfectos, que aquello que ellos querían vivir, no lo podían vivir. No sé si entendieron lo que era la misericordia del perdón. No sé si lo entendieron. No sé si comprendieron lo que Jesús les estaba diciendo. Pero cuando vieron su propia vida vieron que tenían mucho por recorrer todavía. Y aquello que querían, que era tal vez apedrear a esa mujer, que era tal vez poner a Jesús en un aprieto, no lo pudieron hacer. Como el hijo mayor de la parábola no sabemos qué es lo que pasó después con estos hombres, lo que sí sabemos es que Jesús los puso en un compromiso para que ellos se animaran a mirar su corazón. Pero el hecho no termina ahí. Jesús no se contentó con decir “no condenen a esta mujer”, sino que se comprometió El, el único que sí podía condenarla, el único que mirando su propia vida podía decir, yo que no vivo esto a vos te condeno. Pero frente a esta mujer, cuando le preguntó si alguien la había condenado, el único que podía le dijo, yo tampoco te condeno. Creo que entre los últimos fines de semana y este domingo, la Iglesia intenta mostrar los textos donde nos muestra más la misericordia del Padre. Donde la misericordia de Dios supera todo lo que podemos pensar, creer, hacer nosotros. El domingo pasado hablábamos como el hijo menor volvía a casa, y el padre sin importar lo que el hijo había hecho, lo perdona. Bueno, hoy da un paso más todavía. Porque Jesús, perdonen esto los catequistas de confirmación, de catequesis, porque voy a decir algo que tal vez ustedes enseñan que nosotros transmitimos, Jesús no les dice que para perdonarla tiene que estar arrepentida. Tampoco le dice bueno hace un propósito de enmienda después para vivir otra cosa. No hay nada de esto en este evangelio. Jesús la perdona, Dios perdona a esta mujer sin esperar lo que la otra persona hace. Porque la pregunta que nos podríamos hacer es, ¿el perdón de Dios, que supeditado a nosotros? ¿Dios depende de nosotros? Tal vez la respuesta más grande la dio Jesús. Jesús no dijo, si ustedes no se arrepienten yo no voy a la cruz, si ustedes no cambian de cambian yo no voy a la cruz, mejor que no lo dijo porque sino jamás hubiese llegado. Jesús tiene la iniciativa, pone la iniciativa, Dios siempre tiene la iniciativa. El perdón de Dios no depende de nosotros, la misericordia de Dios es mucho más grande que nosotros, que lo que podamos pensar, hacer, arrepentirnos, o no. Y muchas veces el arrepentimiento van a ser después que Dios toca nuestro corazón. Muchas veces me pasa que alguna persona se acerca y me dice, bueno yo no sé si necesito confesarme o no, porque no estoy arrepentido, y me cuesta cambiarlo. Bueno, lean este evangelio, Juan 8, 1-11. Lean el del hijo pródigo, Lucas 15. No es necesario eso, lo que hay que querer es encontrarse con Jesús. Él los va a cambiar. Si nos animamos a dejar tocar por El, Él va a hacer algo nuevo. El arrepentimiento sería que la mujer pueda vivir aquello que Jesús le dice. Algo fácil, en adelante no peques más, cambia, viví otra cosa. Pero se lo dice, no porque Jesús quiere ser duro, porque Jesús quiere que esta persona sea feliz. Y como quiere que sea feliz, quiere que viva otra cosa, quiere que encuentre otra cosa en su vida. Lo mismo hace con nosotros, busca mover los corazones. Eso es la cuaresma. Es aprender a vivir el perdón. Porque si nos regimos por la ley, en todo, no solo en la religión y en la fe, si Dios es un juez que nos juzga, si mi padre, mi amigo, mi novio, mi novia, mujer, marido, es un juez que me juzga, en algún momento, estoy en el horno como dicen. No hay salvación ahí. La salvación viene cuando uno se anima a perdonar, cuando uno se anima a amar, porque eso es lo que reconstruye el vínculo. ¿Por qué Jesús perdona a esta mujer? Porque es la única manera para que se salve. Sino Jesús la tiene que condenar. ¿Por qué Jesús perdona a cada uno e intenta mover los corazones? ¿Por qué Jesús les dice a los escribas y a los fariseos, mírense a ustedes mismos. Porque ustedes tienen que cambiar. Lo mismo nos dice a nosotros. Jesús nos mira a nosotros, toca nuestras vidas porque quiere que vivamos distintos. Para terminar podríamos pensar tal vez en qué situaciones estábamos. Tal vez mirando nuestra visa podríamos decir me toca estar en la postura de estos escribas o fariseos donde me cuesta reconocer mi pecado, donde me cuesta reconocer qué es lo que hago mal, donde me cuesta reconocer qué es lo que tengo que crecer. Bueno tal vez tendré que pedirle a Jesús que como a ellos me invite a mirar mi corazón. O tal vez estamos en la postura de la mujer adúltera que pensamos que ya estamos condenados, que nadie nos puede salvar, que nada puede cambiar. Tal vez que me tengo que dejar tocar, cambiar por Jesús. De una u otra forma, este donde este Él siempre llega, Él siempre toma la iniciativa, Él siempre va a nosotros. Bueno, abramos nuestro corazón para que en este tiempo nos podamos encontrar con Él, lo podamos descubrir, y podamos vivir aquello que Él nos invita.
(Cuaresma, Domingo V, lecturas: Is 43,16-21; Sl 125; Fil 3,8-14; Jn 8,1-11)